Señal de barro
El Guardaparque tomó la barra de
hierro y desclavó las tablas que cerraban la entrada a un misterioso pasadizo
de Tikal que fuera descubierto en 1975 y que pertenece al período Maya clásico
temprano. Los pasadizos, que en total conforman cinco kilómetros de recorridos
entre los distintos templos, se encuentran cerrados al público ya que son
sumamente delicados.
Ingresamos.
Afuera, la humedad de la selva,
adentro, un aire inexplicablemente seco.
Al quitarse las tablas, la luz
penetró los dos primeros metros, pero enseguida, la estrechez del túnel hizo
que nuestros propios cuerpos impidieran su paso y comenzamos a depender
totalmente de nuestras linternas. La sensación era ambigua. Uno sabía estar
ingresando a un túnel de unos mil quinientos años y tenía cierta conciencia de
ser un profanador, pero el estado y la
terminación de las paredes, de un revoque muy fino y de color claro, mas la
ausencia de olor a humedad lo hacían parecer nuevo. Lamentablemente en algunas
partes las raicillas de los árboles comenzaban a deteriorar el techo y las
paredes.
A lo largo de éstas había abundantes
pinturas y también unas máscaras hechas en relieve, bastante grandes, de las
que salían alas, y mantenían su color rojo lacre original.
En cierto punto encontramos una
cosa que pese a su sencillez me resultó mas interesante que muchas de las
manifestaciones de arte y arquitectura que había visto en las ruinas durante
los últimos días:
Era la impresión en barro de dos
manos juntas, unidas por los pulgares y encerradas por la marca que hicieron a
su alrededor los cuatro dedos restantes de cada mano. Esa mancha de barro
parecía haber sido hecha el día anterior, pero se estima que constituye “la
firma” del constructor del túnel. ¿Cómo no se ha descascarado ese barro tras
quince siglos de haber sido estampado allí?
Hay milenarias impresiones de
manos en todos los continentes y es esperable verlas en paredes rocosas y
cuevas, pero el encontrarlas estampadas en una obra de ingeniería como un túnel
de cinco kilómetros constituyó un contraste de sencillez inesperado.
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