jueves, 13 de junio de 2013

Relato:Cambios

Cambios

Hace ya unos cuantos años el pequeño bote de un pescador atracó en la orilla y bajó un hombre que a las claras no era un turista. Hacía calor y solamente vestía un short de baño.
¿Puedo entrar?
Por supuesto, - le dije-  pero le aconsejo que se calce.
No es necesario, yo nací acá y no tengo problemas con las espinas.
Me alegro de conocerlo. ¿Eran unos cuantos hermanos no?
Doce.
Este lugar está cambiado, dijo cuando comenzamos a caminar juntos. Señaló un sitio muy cercano al arroyo y comentó: allí estaba el ombú mas grande de todos, pero se secó unos años antes de que me fuera a vivir a Castillos. Era enorme y con mis hermanos jugábamos a que era nuestra casa.
Caminábamos despacio.
Bajo esta coronilla encontramos enrollada la única crucera que vimos en treinta años.
Que cambiado está esto… El monte está cerradazo. Cuando nosotros vivíamos, en cambio, andábamos a caballo perfectamente por todos lados. A las coronillas les íbamos sacando las ramas de abajo y esa era la leña que usábamos, mas alguna de eucaliptus. Papá nunca dejó cortar una coronilla.
Se nota- Dije yo- De entrada me di cuenta de eso porque si uno es atento los montes permiten que uno lea su pasado.
Pero mire, si hay hasta butiaceras creciendo…¿Quién iba a decir?
Una vez terminado el sendero lo invité a seguir hasta la casa.
Veo que plantó un limonero, muy bien. Y una butiacera, lindo tener una cerca.
¡Pero que lagartazo! Dijo al ver que uno de poco mas de un metro entraba en el pozo donde siempre he tirado la basura orgánica.
¡Cualquier dia iba a haber un lagarto asi antes por acá! Los perros lo hubieran matado, o lo hubiéramos comido nosotros…
Acá donde está su casa estaba nuestro galpón; la casa estaba un poco mas ahí, cerca de ese laurel y de ese ceibo que plantó un pariente nuestro de Aguas Dulces.
La tiene linda la casa, me gustan sus adornos.
Lo invité con té o café pero no quiso, pero si aceptó un vaso de agua. ¡Que rica que es! Nosotros también juntábamos agua de lluvia, ¡Esto es agua! Le diría que el agua fue lo primero que extrañé cuando me fui a vivir a Castillos, la de allá tiene un gusto asqueroso hasta que uno se acostumbra.
Luego, ya de vuelta en el arroyo, antes de volver a embarcar, me dio la mano y me dijo:
La verdad que el lugar está tan distinto que si en vez de venir me hubieran mostrado fotos no lo hubiera reconocido.
Está lindo. En cierta forma Usté sigue cuidando nuestro campito. Lastima que pasaron tantos años desde que papá se tuvo que ir hasta que vino Usté, porque la verdad es que bien podría haber muerto aquí como el quería.
Cuando vinieron a sacarlo se fue llorando.





No hay comentarios:

Publicar un comentario