martes, 18 de junio de 2013

Relato:José

José

Casi se ahoga delante mio.
Los chajás anunciaron la aproximación de una persona y salí a ver quien era. De lejos vi venir un hombre que no pude reconocer ni por su caballo ni por su manera de montar. Lo acompañaba un cimarrón listado que trotaba al lado del caballo.
A juzgar por la actitud de su perro es un tipo atrevido, pensé, siguiendo mi idea de que el temperamento de los perros es una réplica del de sus amos.
Efectivamente nunca antes había visto a ese joven, quien dijo ser domador y haberse mudado recientemente.
¿A dónde va? Pregunté.
A Castillos.
¿A Castillos por aca?
Era abril, pero el arroyo ya estaba muy crecido. No muchos saben de la existencia de un paso del Valizas justo donde nace en la Laguna, pero ese paso solo es practicable en verano, cuando la laguna está baja. Luego de la construcción del puente sobre el Arroyo Valizas el paso que le dio nombre a la zona entró en desuso.
¡Qué voy a ir hasta el puente! Cruzo por acá nomás, el agua no me amedrenta. Y en verdad no lo hacía.
No se molestó en atender mi indicación de seguir la costa del juncal hasta donde se abría la boca de la laguna y prefirió tirarse a cruzar en una parte aun angosta y profunda.
Buen caballo. De inmediato obedeció la orden y enfrentó el arroyo. A los dos metros de la orilla José quedó con casi todo el cuerpo sumergido y del caballo solo sobresalían cuello y cabeza. El perro demoró un poco en decidirse, pero al llegar a la orilla opuesta se liberó del agua mejor que el caballo. El joven, imperturbable, parecía no estar afectado por la mojadura.
Al otro día, la pareja de chajás que siempre estuvo en la cercanía de la costa de los Olivera, comenzó a lanzar los gritos que solo emiten ante la presencia de gente y vi que José volvía de Castillos.
Hombre tenaz. Sin duda no habría pasado mucho frío el día anterior porque volvió a cruzar el arroyo por el mismo sitio profundo.
Lo saludé de lejos y supuse que ya no volvería a pasar por allí.
Pero una semana mas tarde volvió a pasar y lo siguió haciendo varias semanas mas.
Su perseverancia en seguir cruzando el arroyo por allí escondía alguna razón y al principio no descarté que estuviera pasando carne o cueros de animal silvestre, pero ese no era el motivo.
El colmo fue que reapareció luego de varios dias de tormenta, cuando la laguna estaba en su máximo nivel. Aquel hombre me sorprendió al saludarme y seguir de largo como para cruzar el arroyo una vez mas.
No lo podía creer, ya sabia que el agua no lo amedrentaba, pero se estaba regalando innecesariamente. ¿Sería innecesariamente?
Esta vez dudó un poco en seguir cruzando por el mismo lado, o quizás fue el caballo el que dudara y se metió en diagonal por el juncal unos cuantos metros mas, alargando el cruce, pero esta vez si, buscando el paso.
Y llegado al punto que le indiqué la primera vez, donde el cruce tenía ahora doscientos metros mas de ancho, debido a la creciente, se tiró y digo se tiró, porque con el primer impulso él y su caballo casi desaparecen bajo el agua. Ambos se aunaron en un ser que temía por su vida.
Corrí hasta la orilla y preparé el bote, porque era muy posible que tuviera que rescatarlo, pero cuando llegué el caballo claramente ya hacía pie.
Comencé a remar hacia él y cuando llegué el caballo acababa de ganar el pasto y ambos chorreaban agua. Esta vez José estaba muerto de frío.
Sentí una mezcla de enojo y compasión, sin duda mas de ésta última de la que él sentiría por si mismo
Esta vez le vi la cara a la muerte.-me dijo.
¿Pero por que cruza por aquí muchacho?
No le tengo miedo a la muerte, no soy cobarde.
No es de cobardes cuidarse un poco.- le dije- No lo puedo ver haciendo eso, le presto mi bote para estos cruces, úselo, pero después déjelo bien atado.
Dos o tres veces mas cruzó haciendo una extraña maniobra con bote, caballo y perro y luego dejó de pasar.
Al comentar con un pescador la extraña actitud de José me dijo:
No le tendrá miedo a ahogarse, pero a que lo acuchillen o a un disparo si, ¡Por eso no pasa por El Puente! Hay alguien que lo espera para cobrarse algo.
Un tiempo después dejé de verlo.


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