José
Casi se
ahoga delante mio.
Los chajás
anunciaron la aproximación de una persona y salí a ver quien era. De lejos vi
venir un hombre que no pude reconocer ni por su caballo ni por su manera de
montar. Lo acompañaba un cimarrón listado que trotaba al lado del caballo.
A juzgar
por la actitud de su perro es un tipo atrevido, pensé, siguiendo mi idea de que
el temperamento de los perros es una réplica del de sus amos.
Efectivamente
nunca antes había visto a ese joven, quien dijo ser domador y haberse mudado
recientemente.
¿A dónde
va? Pregunté.
A
Castillos.
¿A
Castillos por aca?
Era abril,
pero el arroyo ya estaba muy crecido. No muchos saben de la existencia de un
paso del Valizas justo donde nace en la Laguna, pero ese paso solo es
practicable en verano, cuando la laguna está baja. Luego de la construcción del
puente sobre el Arroyo Valizas el paso que le dio nombre a la zona entró en
desuso.
¡Qué voy a
ir hasta el puente! Cruzo por acá nomás, el agua no me amedrenta. Y en verdad
no lo hacía.
No se
molestó en atender mi indicación de seguir la costa del juncal hasta donde se
abría la boca de la laguna y prefirió tirarse a cruzar en una parte aun angosta
y profunda.
Buen
caballo. De inmediato obedeció la orden y enfrentó el arroyo. A los dos metros
de la orilla José quedó con casi todo el cuerpo sumergido y del caballo solo
sobresalían cuello y cabeza. El perro demoró un poco en decidirse, pero al
llegar a la orilla opuesta se liberó del agua mejor que el caballo. El joven,
imperturbable, parecía no estar afectado por la mojadura.
Al otro
día, la pareja de chajás que siempre estuvo en la cercanía de la costa de los
Olivera, comenzó a lanzar los gritos que solo emiten ante la presencia de gente
y vi que José volvía de Castillos.
Hombre
tenaz. Sin duda no habría pasado mucho frío el día anterior porque volvió a
cruzar el arroyo por el mismo sitio profundo.
Lo saludé
de lejos y supuse que ya no volvería a pasar por allí.
Pero una
semana mas tarde volvió a pasar y lo siguió haciendo varias semanas mas.
Su
perseverancia en seguir cruzando el arroyo por allí escondía alguna razón y al
principio no descarté que estuviera pasando carne o cueros de animal silvestre,
pero ese no era el motivo.
El colmo
fue que reapareció luego de varios dias de tormenta, cuando la laguna estaba en
su máximo nivel. Aquel hombre me sorprendió al saludarme y seguir de largo como
para cruzar el arroyo una vez mas.
No lo podía
creer, ya sabia que el agua no lo amedrentaba, pero se estaba regalando
innecesariamente. ¿Sería innecesariamente?
Esta vez
dudó un poco en seguir cruzando por el mismo lado, o quizás fue el caballo el
que dudara y se metió en diagonal por el juncal unos cuantos metros mas,
alargando el cruce, pero esta vez si, buscando el paso.
Y llegado
al punto que le indiqué la primera vez, donde el cruce tenía ahora doscientos
metros mas de ancho, debido a la creciente, se tiró y digo se tiró, porque con
el primer impulso él y su caballo casi desaparecen bajo el agua. Ambos se
aunaron en un ser que temía por su vida.
Corrí hasta
la orilla y preparé el bote, porque era muy posible que tuviera que rescatarlo,
pero cuando llegué el caballo claramente ya hacía pie.
Comencé a
remar hacia él y cuando llegué el caballo acababa de ganar el pasto y ambos
chorreaban agua. Esta vez José estaba muerto de frío.
Sentí una
mezcla de enojo y compasión, sin duda mas de ésta última de la que él sentiría
por si mismo
Esta vez le
vi la cara a la muerte.-me dijo.
¿Pero por
que cruza por aquí muchacho?
No le tengo
miedo a la muerte, no soy cobarde.
No es de
cobardes cuidarse un poco.- le dije- No lo puedo ver haciendo eso, le presto mi
bote para estos cruces, úselo, pero después déjelo bien atado.
Dos o tres
veces mas cruzó haciendo una extraña maniobra con bote, caballo y perro y luego
dejó de pasar.
Al comentar
con un pescador la extraña actitud de José me dijo:
No le
tendrá miedo a ahogarse, pero a que lo acuchillen o a un disparo si, ¡Por eso
no pasa por El Puente! Hay alguien que lo espera para cobrarse algo.
Un tiempo
después dejé de verlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario