Asunto serio
Media tarde
en la laguna. Abril se luce con unos de sus días brillantes y de calma
absoluta. La sierra de La Carbonera está celeste y buena parte de la laguna,
hacia el oeste encandila.
El Oso y el
Pitillo van conversando a los gritos para poder oirse pese al ruido del motor.
Están contentos porque ya van tres días de muy buena pesca y entre mates van
argumentando donde convendría calar sus redes hoy.
Mira- dice
el Oso- alguien anda a remo…
Mismo- dice
el Pitillo- vamos a acercarnos a ver quien es y si necesita ayuda.
Pocos
minutos mas tarde ya pueden reconocer al infortunado.
Es el
Corvina – dice Pitillo- si querés damos la vuelta, ya se que no te hablas con
él.
No le
pienso hablar al desgraciado…
Pese al
agrio comentario, los botes se siguen acercando. El Oso aminora la marcha y
Pitillo pregunta.
¿Entonces?
¿Qué pasó Corvina?
¿Qué
cuentas Pitillo? No quiere arrancar che.
Arrima que
vamos a mirar- dice el Pitillo.
Pero el
Pitillo no sabe de motores y quien abre la tapa y comienza a revisarlo es el
Oso.
El Corvina
está notoriamente contrariado al principio, pero con la conversación que le da
el Pitillo y con el paso de los minutos, se acostumbra a ignorar al Oso, quien
está a dos metros de él.
Para
suavizar la situación, el Pitillo ceba el mate para los tres, debiendo
ofrecerlo ostensiblemente al Oso, dueño del mate, pero que se encuentra
dedicado a encontrar la falla del motor.
En una de
esas el Oso da un fuerte cordazo y el motor arranca.
El Corvina
tira un ¡Gracias! al aire, saluda al Pitillo por su nombre y ambos botes se
alejan.
Entre el
ruido de los dos motores el Pitillo le dice al Oso. ¿Pero no era que no te
hablabas con el Corvina?
Cierto, no
le hablo desde hace tiempo.
¿Y
entonces?
Y bueno, no
le hablé.
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