jueves, 13 de junio de 2013

Relato:Taquil

Taquil

Hay un proverbio chino que dice algo asi como que una persona, de joven tiene la cara con la que nace, de adulto la que le dio la vida y de viejo la que merece.
Taquil efectivamente tenía la que se merecía. 
La primera vez que lo vi, su cara me llevó a una aldea de los indios Maká de Paraguay, cuando pasé por allí en 1980 o quizás por segunda vez unos años mas tarde. En ella ya no había lugar para lo lindo o lo feo y tampoco prevalecían ya los rasgos, salvo lo aindiado, pero me impresionó la inusitada paz que revelaba y adiviné una también inusitada personalidad.
Esa misma vez, o sea cuando yo recién comenzaba a trabajar en la zona, me pidió permiso para acampar bajo un árbol mientras pescaba de noche en invierno.
“? Sabe? Yo en invierno siempre acampé bajo la coronilla sola que hay en la naciente del arroyo, fuera del alambrado ¿vio? Le quería pedir si se podrá. Le pido porque ya se que Usté vino pa cuidar…Pero mire que mas que pa acampar es pa echarme y protegerme del viento, porque fuego no hago ¿vio? Ahí salen unos bagres buenazos por la madrugada.
Le dije que si. Pocas veces un hombre quedó tan contento con tan poco.
Un tiempo después, él mismo plantó unos transparentes frente a su rancho en el Puente y para su sorpresa los vio crecer mucho.
Eso me demostró que no era de los que se limitan a usar lo que ya hay, sino que era de los que hacen su aporte, porque hace rato que se fue de El Puente y la sombra de sus transparentes está allí recibiendo gente, perros y hasta algún auto.
Nunca hablamos mucho, pero siempre intercambiábamos unas palabras a mi paso por el caserío. Una vez salió el tema de los animales, el que le gustaba al viejo y cuando le pregunté por algún dato sobre los ciervos de pantano, extintos hace muchas décadas en Uruguay, me dijo: espere un poquito que tengo algo que a Usté le va a ser mas útil que a mi. Se levantó de su silla, entró a su rancho e inmediatamente me presentó una cornamenta de ciervo de pantano. Vino enganchada en mi red cuando la puse hace una punta de años ahí mismo, frente a donde uste vive.
No lo podía creer. Al llevarla al Museo  Nacional de Historia Natural, me agradecieron mucho que la donara, porque como me dijeron, solo tenían otra, pero sin datos de procedencia. Por lo tanto, la que me dio Taquil es la única que con certeza perteneció a un ciervo de pantano que viviera en Uruguay.


No hay comentarios:

Publicar un comentario