Taquil
Hay un proverbio
chino que dice algo asi como que una persona, de joven tiene la cara con la que
nace, de adulto la que le dio la vida y de viejo la que merece.
Taquil
efectivamente tenía la que se merecía.
La primera
vez que lo vi, su cara me llevó a una aldea de los indios Maká de Paraguay,
cuando pasé por allí en 1980 o quizás por segunda vez unos años mas tarde. En
ella ya no había lugar para lo lindo o lo feo y tampoco prevalecían ya los
rasgos, salvo lo aindiado, pero me impresionó la inusitada paz que revelaba y
adiviné una también inusitada personalidad.
Esa misma
vez, o sea cuando yo recién comenzaba a trabajar en la zona, me pidió permiso
para acampar bajo un árbol mientras pescaba de noche en invierno.
“? Sabe? Yo
en invierno siempre acampé bajo la coronilla sola que hay en la naciente del
arroyo, fuera del alambrado ¿vio? Le quería pedir si se podrá. Le pido porque
ya se que Usté vino pa cuidar…Pero mire que mas que pa acampar es pa echarme y
protegerme del viento, porque fuego no hago ¿vio? Ahí salen unos bagres
buenazos por la madrugada.
Le dije que
si. Pocas veces un hombre quedó tan contento con tan poco.
Un tiempo
después, él mismo plantó unos transparentes frente a su rancho en el Puente y
para su sorpresa los vio crecer mucho.
Eso me
demostró que no era de los que se limitan a usar lo que ya hay, sino que era de
los que hacen su aporte, porque hace rato que se fue de El Puente y la sombra
de sus transparentes está allí recibiendo gente, perros y hasta algún auto.
Nunca
hablamos mucho, pero siempre intercambiábamos unas palabras a mi paso por el
caserío. Una vez salió el tema de los animales, el que le gustaba al viejo y
cuando le pregunté por algún dato sobre los ciervos de pantano, extintos hace
muchas décadas en Uruguay, me dijo: espere un poquito que tengo algo que a Usté
le va a ser mas útil que a mi. Se levantó de su silla, entró a su rancho e
inmediatamente me presentó una cornamenta de ciervo de pantano. Vino enganchada
en mi red cuando la puse hace una punta de años ahí mismo, frente a donde uste
vive.
No lo podía
creer. Al llevarla al Museo Nacional de
Historia Natural, me agradecieron mucho que la donara, porque como me dijeron,
solo tenían otra, pero sin datos de procedencia. Por lo tanto, la que me dio
Taquil es la única que con certeza perteneció a un ciervo de pantano que
viviera en Uruguay.
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