jueves, 20 de junio de 2013

Relato:Talán

Talán

Ya te dije que no usaras tanta leña Macaco.
¿Qué te pasa viejo? Si se termina voy a buscar mas, el monte no queda tan lejos después de todo.
¡Y también ya te dije que no es por eso, atolondrao!
Siempre tan cagón usté.
Cagón no che, prevenido. Sabés bien que si nos descubren estamos jodidos.
¿Realmente te parece que alguien pueda ver nuestro fuego?
¡Claro que si, bobeta! En noches de calma como esta, el fuego, o el resplandor nomás pueden verse desde muy lejos.
El Macaco y el Talán vivaqueaban desde hacía dieciocho días en el Bañado del Chafalote, uno de los mas extensos del país. Sus varios miles de hectáreas resistían las canalizaciones, que pese a ser ilegales, no fueron sancionadas por el gobierno de ningún color.

Al otro día, contando ya con el mínimo de luz que les permitiría trabajar, los dos hombres dejaron el terraplén del canal y subieron al estrecho botecito que parecía menearse demasiado pese a sus leves movimientos. Enseguida penetraron en el verdor de las espadañas, quedando inmersos en un paisaje sin horizonte. Aquel bañado, lugar complicado, pero a la vez gran amigo de los desterrados, eran miles de hectáreas donde con sigilo se podía conseguir el sustento.
Con un poco de suerte mañana es el último día Macaco, dijo como al pasar el Talán.
¡Dios quiera que si! Ya estoy harto de andar con las patas en el agua viejo. Y también me duele un poco la espalda de dormir mal. Pero a ti no te he oido ni una queja…Después de todo ¿Cuántos años tienes Talán?
Setenta y cinco- contestó el viejo como al pasar.
¡Epa que eres viejo che!¿Y cuando te piensas jubilar? ¡ja, ja!
Jubilao de trabajar ya estoy che. Pasa que no da la plata.
Te pregunto hasta cuando vas a estar nutriando o pescando camarón…
¿Y yo que se?
Callate.
¿Qué pasa?
Cantó un chajá.
La reiteración de un sonido es lo que da la certeza de haber sido oído, por eso, al volver a cantar el ave, el Macaco se paró lentamente sobre una de las tablitas que hacían de asientos y con equilibrio logró asomar la cabeza por entre las totoras. No vio nada, pero como el chajá continuó anunciando la presencia de un hombre, ambos se quedaron en silencio. Tenían paciencia, la paciencia verdadera que solo tienen quienes realmente la necesitan y mantuvieron el silencio mientras los gritos del chajá se hicieron mas frecuentes. Sabían que en pocos minutos se develaría el motivo de la alarma del ave y de la cautela de ellos y asi fue.
Cuando el chajá levantó vuelo, supieron que el hombre andaba ya muy cerca y hasta tuvieron alguna pista de desde donde venía, porque los chajás se espantan hacia el lado opuesto del que ven a la gente.
Ambos se miraron, porque con su vuelo, el ave que tantas veces los delatara a ellos, ahora delataba a su enemigo. Si, fuera quien fuera el que estaba aproximándose sería su enemigo, porque en el bañado no hay colegas, solo hay competidores y delatores.
Hicieron silencio, como solo los furtivos saben hacerlo y escucharon el sonido de una pértiga golpeando el agua, y el frotar se los juncos contra los costados de una canoa.
Lo oyeron acercarse y luego alejarse. Cuando se aseguraron de que el nutriero se había ido reanudaron su trabajo pero se prometieron largarse de allí cuanto antes.
Al terminar de revisar todas las trampas, cuerearon las catorce nutrias de esa mañana y las metieron en los moldes de alambre para mantener estirada la piel. Luego juntaron todas sus pertenencias, las que mantenían ocultas entre los sarandíes, cada uno subió a su bote y partieron.
Al fin dejarían el rústico imperio húmedo de los juncos y espadañas, territorio amigo de quien tiene que desaparecer porque allí la Policía no entra, pero infernal por las noches debido a la humedad y los mosquitos omnipresentes.
Unas cuantas horas mas de remo y volverían a ver gente, volverían a sus mujeres, a probar alguna nueva quizás.
Una vez dejado el bañado entraron a la Laguna de Castillos por la Bolsa, donde debido a su relativa estrechez los juncos paraban el viento, pero al doblar la Punta Diamante los tomó un viento fuerte de costado que les complicó la retirada. El que sopla de través es el mas cansador, porque el bote tiende a ponerse perpendicular al viento y para corregir ese defecto, hay que remar haciendo mucha fuerza del lado contrario y muy poca del otro.
No era fácil irse. Como remate final a tantos días de vida rústica, tuvieron que pelear su retirada ola tras ola. ¿Cuantas olas intentaban torcer el rumbo de sus botes? ¿Mil? Por eso, al llegar a la boca de la laguna, donde nace el arroyo largaron los remos y pudieron descansar las manos. Al amparo de los juncos los botes casi no derivaban hacia el Este y la leve corriente del incipiente arroyo los llevaba suavemente.
Vamo a fumar un pucho antes de seguir- ordenó mas que propuso el Talán. Asi estamos descansados antes de pasar frente a lo del barbudito, que hoy no tengo ganas de que me saquen los cueros che.
Ta bien. ¿Pero no le estaremos errando al pasar por aca a pleno día viejo?
Puede ser Macaco, pero ya no quiero esperar mas, estoy harto de tanta agua y mosquito, esta noche me quiero acostar tempranito en mi catre.
Terminados los puchos, los dos hombres vuelven a remar. Como van de espaldas hacia adelante, no se han percatado de que alguien los está esperando parado en un muellecito.
Los sorprende una voz.  Buenas tardes caballeros ¿Vienen de pescar?




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