jueves, 13 de junio de 2013

Relaro:Dos cruces

Dos cruces

En Castillos tomaron el “rutas” de la tarde y se bajaron en el Puente.
Guille de 21 años, cargó las tres varas de eucaliptus para armar la carpa, la olla, el arroz y las dos frazadas y dejó para que cargara Nico, su hermano de 12, lo mas liviano de la impedimenta, o sea básicamente el nylon, un aparejo, la radio y poco mas.
Caminaron  algo mas de un kilómetro a campo traviesa hasta llegar a su trampa de camarón, depositaron todo en el pasto y enseguida se pusieron a trabajar.

Oscar se alegró cuando tan avanzado el otoño vio aparecer un grupito de turistas que le pidieron que los llevara a ver el Monte de Ombúes.
No tendría problema en preparar sus trampas un poco mas tarde y por eso no desechó la oportunidad de ganar unos pesos de la manera mas fácil que le había dado la vida, como a veces decía. Es que al decir verdad, Oscar se sentía anfitrión en el Monte, y sin dejar de caminar y de elogiar a aquella maravilla, se las arreglaba para terminar el paseo rapidito sin que a nadie le pareciera corto.
Cuando partió con los turistas arroyo arriba pasó por delante de cinco camaroneros que distanciados, acomodaban sus trampas en el arroyo. Cerca de la zona mas profunda, buen pesquero, Oscar saludó a Guille y Nico que estaban inclinados sobre la borda del bote cosiendo una parte de la red.
Mas o menos una hora después, al volver a pasar arroyo abajo solo estaba el bote.
“Pensé que habrían ido a buscar leña al monte de los Olivera o algo asi”, dijo Oscar al otro día cuando se notó la falta de los chicos.
Cuando ya entrada la tarde siguiente se los dio por desaparecidos, la policía mandó a dos milicos a que con ganchos de alambre buscaran sus cuerpos contra la barranca, en las proximidades de donde habían quedado sus pertenencias.
Me extrañó que con el paso de las horas se mantuviera la orden de seguir buscando los cuerpos en ese lugar, porque el Valizas corría fuertemente, pero tanto el comisario como Oscar me dijeron “ Los cadáveres se hinchan y quedan donde se ahogó la gente, no importa la fuerza de la corriente”.
Por ampliar la zona de búsqueda, estuve como tres horas arrastrando un gancho con la lancha por el arroyo. Asi no los va a encontrar me dijo Oscar, y agregó- yo seguiré intentando hasta mañana al mediodía.
Y fue él el que enganchó al primero de los chicos. Los muertos me tocan a mi –comentaría luego- no es el primero que saco del agua, ¿Se acuerda de los cadáveres que aparecían en Rocha cuando la dictadura? ¡Que Coreanos ni nada! Al primero lo encontré yo cerca de la Coronilla y ahora encuentro a este pobre gurí…
Unos familiares de los chicos pusieron dos cruces de madera en el sitio exacto donde iban a armar su carpa y durante unos años alguien ponía alguna flor de plástico que a veces se llevaba una creciente invernal.
Una vez se desprendió un trozo de la barranca llevándose a una de las cruces. La otra pronto la acompañará y al suceder eso, los turistas dejarán de preguntar que pasó allí y el Valizas se habrá tragado otro secreto.



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