viernes, 14 de junio de 2013

Relato:Te recuerdo Playera...

Te recuerdo Playera

Hoy te recuerdo querida amiga. Estando aquí acostado desfilan ante mi imágenes de toda mi vida.
Ayer ¿O fue hoy? Me vi siendo un portillo y volví a revivir como nunca la paz de pastar junto a mi madre. Luego sentí el rechazo que me produjo el roce con el primer lazo que me pasaron por el cuello y todo el proceso de humillación tendiente a quebrantarlo a uno para convertirlo en esclavo del hombre.
Pero siguiendo el consejo de mamá de fingirme quebrantado con rapidez, logré que mis sufrimientos fueran pocos y desde ese entonces fui considerado manso.
Pero tu, amada mía, Playera, como te llamaba el patrón, tu siempre me tuviste por lo que en realidad siempre fui, un caballo amante de la libertad, que sabía que ésta, aparte de ir por fuera, debe fundamentalmente sentirse dentro. Porque podrían uncirnos al carro, pero nuestras mentes corrían juntas por el pastizal, sorprendidos siempre por los colores de los pájaros.
¿Como no acordarme de ti Playera al recrear mi propia vida?
Me acuerdo de cuando el sargento nos enganchó por primera vez
Tu tan alta y yo tan bajito, ninguno de nuestros vecinos creyó que fuéramos a funcionar, ¡Pero funcionamos a la perfección! Eso si, yo desde el principio me di cuenta de que a menos que anduviera un poco mas rápido que tu, el carro se lo pasaría a los saltos y nos dolerían las ancas de darnos contra él.
La verdad, nunca tomé como un trabajo duro las idas al Cabo Polonio. Los médanos a veces no estaban fáciles al medio dia, cuando la arena estaba floja y nos quemaba un poco, pero luego venía la playa lisita y el agua refrescante que nos mojaba las patas. El patrón era bueno y sin duda nos llevaba hasta allí para refrescarnos.
¿Sabes? Creo que le entendía bastante cuando nos hablaba.

Nunca pensé que esto fuera asi, que pudiera sentir tanta paz en este momento. Lo digo, porque luego de tanto galopar creo que ya no volveré a levantarme amada mia. Por suerte me tocó estar a la sombra dentro del monte, en el preciso lugar donde estaba el ombú bajo el que nos gustaba buscar el fresco, aquel que se secó de pronto hace varios años.
No siento dolor, salvo el de dejar todo esto, pero también siento alegría porque volveré  a estar contigo.
 Recuerdo cuando vinimos para acá. El patrón nos sorprendió a los dos cuando cruzamos la carretera, jamás lo habíamos hecho. Fue raro aquello, siempre vimos pasar autos por ella, pero estaban lejos. Eso de andar por ese suelo duro y sin saber a donde nos llevaban nos llenó de curiosidad, aunque no sentimos miedo, porque sabíamos que el sargento nunca nos haría daño.
¿Que ibamos a saber que no solo no nos haría daño, sino que nunca mas volveríamos a trabajar?
Recuerdo la curiosidad con que tu y yo Íbamos observando todo a nuestro paso, las porteras desconocidas, el ganado nuevo, caballos antipáticos que alguna vez habíamos cruzado en otras partes…
Hasta que llegamos al paraíso ¿recuerdas nuestra felicidad ese día? Nunca habíamos visto tanto pasto. No sabíamos que en el mundo hubiera tanto pasto verde, alto y rico.
Y aquel hombre barbudo que salió de su casa cuando el patrón nos soltaba, que pasó a ser nuestro patrón, si es que los caballos libres los tienen.
Recuerdo que lo primero que hicimos fue comer un buen rato para saciar el hambre de la caminata, luego buscar el alambrado y seguirlo para ver las dimensiones del potrero donde estábamos. Tu encontraste el agua y la probamos, era clara y rica, como la de las cañaditas de los médanos antes de llegar a la playa, tan distinta a la sucia de las aguadas que hemos tenido que compartir con las vacas.
Te confieso que me hubiera gustado tener un hijo contigo, pero si bien siempre te he deseado y lo sabes, por culpa del hombre fui privado de ello.
Tu en cambio si los tuviste y me pregunto que será de ellos ahora. Lo que no sabes es que siempre quise que esos hijos tuyos fueran también mios.
Lamento haber vivido unos cuantos años mas que tu. Cuando moriste aquel verano pensé que te seguiría al poco tiempo, pero tontamente me repuse y aquí estoy con mis cuarenta y dos años caído en el suelo de este monte, que nos ayudó tanto en verano como en invierno.
Estoy cansado y dormiré, pero feliz, porque se muy bien que en cuanto despierte ya no estaré aquí, sino contigo.


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