lunes, 18 de mayo de 2015

La Misión de Vanesa y Fermín, 3



Al rato encontraron que una “huella de tractor” llegaba a un punto en que zigzagueaba un poco antes de volver al mar.
-Las tortugas no son bobas. Hacen estas vueltas en la arena para que no se sepa exactamente donde pusieron los huevos. Y para encontrarlos desarrollé este método personal – dijo Arturo- y tomó un palo de la playa.
Enseguida comenzó a hacer una prospección en la arena, pinchándola despacito a cada palmo de distancia.
-¿Ven que se hunde un poco? Cuando encuentre el lugar del nido se hundirá mu… ¡cho mas! – dijo, terminando la frase cuando ya era evidente que el palo se había hundido con mayor facilidad en la arena ya removida por la tortuga.
Retiraron todos los huevos y continuaron caminando por la larga playa.
Transcurrido un rato vieron una lucesita, como de una luciérnaga, pero que se mantenía quieta.
-Allá hay alguien- dijo Arturo en voz muy baja-. No hagan ruido, a ver si podemos sorprenderlo.
¿Cómo lo viste- preguntó Vanesa.
Todavía no lo ví, pero el hombre es el único animal que fuma. Callate.
Un hombre, efectivamente, estaba esperando a que una tortuga terminara de poner los huevos para llevárselos, pero no para incubarlos, sino para comérselos o venderlos. También era probable que matara a la tortuga para comerla o venderla a ella también.
Arturo lo sorprendió y revisó su bolso. Dentro había sesenta huevos. Ya había predado otro nido. Los huevos fueron decomisados y el hombre fue castigado con una multa.
Al cabo de tres horas de trabajo ya tenían nueve nidadas y Arturo había inspeccionado a tres personas. Las tres habían robado huevos.
Bueno, chicos- dijo Arturo- Vayamos a la Estación de Cría. Allí dejaremos los huevos y volveremos por mas, hoy es una buena noche.
No podemos dejar las bolsas en la playa y pasar por ellas mas tarde, porque estaríamos trabajando para los recolectores de huevos.
Es horrible – dijo Vanesa con desilusión.
Si que lo es – asintió Fermín- Mientras nosotros estamos rescatando unas nidadas hay mucha mas gente merodeando otras.
Y si en solo tres horas pescamos tres furtivos, como les llamas tu, Arturo, deben haber robado muchos nidos sin que los hayamos visto porque es de noche- agregó Vanesa casi desalentada.
-Si, eso es así chicos, y pasa cada noche durante meses. Muchas tortugas pierden sus nidadas, por eso, cada año llegan menos a poner huevos.
Dejaron las bolsas en la Estación de Cría, que estaba en la misma playa y regresaron al trabajo.
¡Miren esa! – dijo Fermín- ¿ No está yendo mucho hacia tierra?
Claro que si- dijo Arturo- Se ve que ya terminó su postura y se dirige hacia la luz de esa casa. Cree que el mar queda para allá.
Las luces de estas casas que están sobre el mar las desorientan. ¡Para que querrá el dueño de la casa iluminar hacia el mar!
Imagínense- era la primera vez que escuchaban ese tono enojado en la voz de Arturo- Durante millones de años las tortugas se orientaron con la claridad del mar para volver a él. La luz eléctrica llegó hace poquito y nunca aprenderán a no equivocarse.
Somos tres- dijo Vanesa- ¿ Nos dará la fuerza para levantarla y devolverla al mar?
Con un gesto, Arturo aprobó la idea.
El animal se resistió a ser cargado; con las cuatro patas daba aletazos en el aire, pero con un poco de esfuerzo la levantaron.
Los tres estuvieron de acuerdo en que fue lindísimo ver a la tortuga apresurarse, esta vez en la dirección correcta, al ser alcanzada por el primer embate de la ola que la mojó de espuma.
A Vanesa le pareció ver una sonrisa de agradecimiento en la cara de la tortuga, aunque si sucedió o no nunca se sabrá, porque estaba muy oscuro.

Dos horas mas siguieron juntando nidadas y escarmentando a los recolectores de huevos.
Al comenzar la bajante, las tortugas dejaron de salir y nuestros amigos dieron por terminada la jornada.
¿Qué les pareció?- Preguntó Arturo ya de regreso en la Estación de Cría.
-Como diría mi padre: “Sería un buen caso para estudiar” – dijo Fermín. Y agregó-: el trabajo me gustó y me parece muy noble.
-Yo no sé que decir- contestó Vanesa- por un lado disfruté mucho de ayudar a las tortugas, que me pudieran los huevos directamente en las manos, el defenderlas…Pero por otro, una ve tanta gente recolectando huevos, y ellos son muchos mas que nosotros… No sé, es frustrante, nos superan. ¿No se da cuenta esa gente que si siguen recolectando los huevos de esa manera en pocos años no les quedará ninguno para comer?
Cosas así pasan con toda la conservación de la naturaleza chicos, por ahora nos superan. Son muchos los que se benefician cazando o utilizando de manera incorrecta los bienes naturales y somos pocos los que los cuidamos, pero ¿saben? Creo que cada vez somos mas.
¡Bueno! Mañana de mañana enterraremos los huevos. Ahora a dormir el resto de la noche, que el sueño nocturno es el mejor.

La Estación de Cría era una casa situada sobre la playa. Tras ella, se veía la desembocadura de un arroyo bordeado de altos manglares. En la playa, delante de la casa, había una superficie cercada con alambre
tejido y allí eran enterrados los huevos.
-Acá protegemos a las nidadas – explicó Arturo- y como están en realidad en la misma playa, al nacer, las tortuguitas reciben la misma información que si hubieran quedado en el nido materno.
¿Información? – Preguntó Vanesa- ¿Les dan información a las tortuguitas?
Arturo se rió a carcajadas: - No, no, - dijo cuando terminó de reírse-
Esa información no se las da nadie. Sucede que al nacer, las tortuguitas reconocen ciertos olores especiales de la arena, o algún indicio por el estilo, que les informa en que lugar del mundo nacieron. Así, por mas que migren miles de kilómetros, al crecer podrán volver a esta misma playa a poner huevos.
Y ahora a cavar los pozos. Pero cuidado, deben ser de la misma profundidad que los que hace la tortuga, ni mas, ni menos. Si son demasiado hondos los huevos se pueden pudrir y si son poco hondos se sobrecalientan. Y aparte hay otra cosa. ¿Saben? Hace ya unos cuantos años se descubrió que el sexo de las tortuguitas no está determinado a la hora de formarse el huevo dentro de la madre. En el caso de los seres humanos, en el momento mismo de la fecundación queda determinado el sexo del futuro bebe, pero en las tortugas marinas lo da la temperatura del nido. Los huevos que están de la mitad para arriba reciben mas calor y dan machos y los de abajo reciben menos y dan hembras.
Antes de que eso se supiera, hubo algunas estaciones de cría que estuvieron largando al mar durante años solamente miles y miles de machos. Para arreglar la cosa, después tuvieron que “producir” miles y miles de hembras.
Una vez que las tortuguitas nacen quedan retenidas por el alambre, que las protege de los perros y los gatos. Luego se las junta, se las pone cerca de la orilla y misión cumplida.

Vanesa y Fermín estuvieron trabajando activamente en la conservación de las tortugas marinas durante cinco cansadores días, o mejor dicho, cinco cansadoras noches.
Bueno chicos – dijo Arturo la quinta mañana luego de que enterraran los huevos – aquí terminó su misión: los voy a echar de menos. Realmente me ayudaron mucho, muchas gracias. Y me gustaría que si se les ocurre alguna idea para mejorar la conservación de las tortugas me la hagan llegar.
Que quieres que te diga Arturo – le contestó Vanesa-, la situación me parece horrible. Si no fuera por la gente como tú, ya no quedarían tortugas marinas. Entre los que las matan para comérselas, las que mueren atrapadas en las redes de pesca, las que mueren por comer el plástico que flota en el mar o desorientadas por las luces de las playas, y los huevos que se roban…! en pocos años no va a quedar ninguna!
Es cierto – murmuró Fermín-.
¡Como me gustaría que tuvieran al menos un lugar donde pudieran poner los huevos tranquilas! – deseó Vanesa en voz alta.
Bueno - los tranquilizó Arturo- ,en realidad ese lugar existe.
¿En serio?- se maravillaron los chicos.
Si, se llama Playa Nancite, y si quieren los puedo llevar.

El jeep bajaba lentamente, pero en forma constante por un camino de tierra bordeado de selva. Los árboles no eran muy altos y la vegetación tampoco muy exuberante, porque andaban por el Noroeste de Costa Rica, en el bosque tropical seco.
En esa zona hay solo dos estaciones en el año, una seca, la mas prolongada y una lluviosa. Estaban al comienzo de la estación lluviosa, cuando la tierra y los animales todavía tienen mucha sed.
A pesar de que había sol, cada tanto caía un chaparrón que le complicaba las cosas a Arturo, quien manejaba el jeep, porque el camino de tierra, en realidad, ya era de barro.
¡Camel Trophy! – gritaba Fermín, mientras el barro saltaba por todas partes, sin duda recordando algo que había visto sobre una competencia de vehículos todo terreno.
En los lugares de mayor pendiente, el jeep andaba mejor, pero sobre las partes mas planas a veces patinaba y andaba un poco atravesado.
El camino angosto seguía bajando entre dos murallas verdes.
Por sobre las copas de los árboles, cada tanto, asomaban las colinas selváticas que los rodeaban.

¡Una tortuga terrestre! – Gritó Fermín-.
¡Para, Arturo, para! -Lo siguió Vanesa-.
Bajaron del jeep en medio de un fuerte chaparrón sin que mermara el sol en lo mas mínimo, claro indicio de que sólo se trataba de otra nube pequeña.
Era una bonita tortuga del tamaño de media pelota de fútbol. Marrón, con largas estrías amarillas dispuestas a modo de estrellas.
Es una tortuga terrestre y vino a beber el agua que se junta en la huella del camino- explicó Arturo-. Al final de la época seca hace falta mucha agua en el bosque y cualquier pozo en el camino es aprovechado por los sedientos animales. Esta tortuga no va a ser el único animal que veamos.
Por suerte este camino es poco transitado, pero ¿saben? Es una pena que muchas veces las primeras aguas que se juntan se dan en las huellas de los caminos y los conductores de los autos, sin darse cuenta aplastan a muchos animales…

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