Al rato encontraron que una
“huella de tractor” llegaba a un punto en que zigzagueaba un poco antes de
volver al mar.
-Las tortugas no son bobas.
Hacen estas vueltas en la arena para que no se sepa exactamente donde pusieron
los huevos. Y para encontrarlos desarrollé este método personal – dijo Arturo-
y tomó un palo de la playa.
Enseguida comenzó a hacer una
prospección en la arena, pinchándola despacito a cada palmo de distancia.
-¿Ven que se hunde un poco?
Cuando encuentre el lugar del nido se hundirá mu… ¡cho mas! – dijo, terminando
la frase cuando ya era evidente que el palo se había hundido con mayor
facilidad en la arena ya removida por la tortuga.
Retiraron todos los huevos y
continuaron caminando por la larga playa.
Transcurrido un rato vieron
una lucesita, como de una luciérnaga, pero que se mantenía quieta.
-Allá hay alguien- dijo Arturo
en voz muy baja-. No hagan ruido, a ver si podemos sorprenderlo.
¿Cómo lo viste- preguntó
Vanesa.
Todavía no lo ví, pero el
hombre es el único animal que fuma. Callate.
Un hombre, efectivamente,
estaba esperando a que una tortuga terminara de poner los huevos para
llevárselos, pero no para incubarlos, sino para comérselos o venderlos. También
era probable que matara a la tortuga para comerla o venderla a ella también.
Arturo lo sorprendió y revisó
su bolso. Dentro había sesenta huevos. Ya había predado otro nido. Los huevos
fueron decomisados y el hombre fue castigado con una multa.
Al cabo de tres horas de
trabajo ya tenían nueve nidadas y Arturo había inspeccionado a tres personas.
Las tres habían robado huevos.
Bueno, chicos- dijo Arturo-
Vayamos a la Estación de Cría. Allí dejaremos los huevos y volveremos por mas,
hoy es una buena noche.
No podemos dejar las bolsas en
la playa y pasar por ellas mas tarde, porque estaríamos trabajando para los
recolectores de huevos.
Es horrible – dijo Vanesa con desilusión.
Si que lo es – asintió Fermín-
Mientras nosotros estamos rescatando unas nidadas hay mucha mas gente
merodeando otras.
Y si en solo tres horas
pescamos tres furtivos, como les llamas tu, Arturo, deben haber robado muchos
nidos sin que los hayamos visto porque es de noche- agregó Vanesa casi
desalentada.
-Si, eso es así chicos, y pasa
cada noche durante meses. Muchas tortugas pierden sus nidadas, por eso, cada
año llegan menos a poner huevos.
Dejaron las bolsas en la
Estación de Cría, que estaba en la misma playa y regresaron al trabajo.
¡Miren esa! – dijo Fermín- ¿
No está yendo mucho hacia tierra?
Claro que si- dijo Arturo- Se
ve que ya terminó su postura y se dirige hacia la luz de esa casa. Cree que el
mar queda para allá.
Las luces de estas casas que
están sobre el mar las desorientan. ¡Para que querrá el dueño de la casa
iluminar hacia el mar!
Imagínense- era la primera vez
que escuchaban ese tono enojado en la voz de Arturo- Durante millones de años
las tortugas se orientaron con la claridad del mar para volver a él. La luz
eléctrica llegó hace poquito y nunca aprenderán a no equivocarse.
Somos tres- dijo Vanesa- ¿ Nos
dará la fuerza para levantarla y devolverla al mar?
Con un gesto, Arturo aprobó la
idea.
El animal se resistió a ser
cargado; con las cuatro patas daba aletazos en el aire, pero con un poco de
esfuerzo la levantaron.
Los tres estuvieron de acuerdo
en que fue lindísimo ver a la tortuga apresurarse, esta vez en la dirección
correcta, al ser alcanzada por el primer embate de la ola que la mojó de
espuma.
A Vanesa le pareció ver una
sonrisa de agradecimiento en la cara de la tortuga, aunque si sucedió o no
nunca se sabrá, porque estaba muy oscuro.
Dos horas mas siguieron
juntando nidadas y escarmentando a los recolectores de huevos.
Al comenzar la bajante, las
tortugas dejaron de salir y nuestros amigos dieron por terminada la jornada.
¿Qué les pareció?- Preguntó
Arturo ya de regreso en la Estación de Cría.
-Como diría mi padre: “Sería
un buen caso para estudiar” – dijo Fermín. Y agregó-: el trabajo me gustó y me
parece muy noble.
-Yo no sé que decir- contestó
Vanesa- por un lado disfruté mucho de ayudar a las tortugas, que me pudieran
los huevos directamente en las manos, el defenderlas…Pero por otro, una ve
tanta gente recolectando huevos, y ellos son muchos mas que nosotros… No sé, es
frustrante, nos superan. ¿No se da cuenta esa gente que si siguen recolectando
los huevos de esa manera en pocos años no les quedará ninguno para comer?
Cosas así pasan con toda la
conservación de la naturaleza chicos, por ahora nos superan. Son muchos los que
se benefician cazando o utilizando de manera incorrecta los bienes naturales y
somos pocos los que los cuidamos, pero ¿saben? Creo que cada vez somos mas.
¡Bueno! Mañana de mañana
enterraremos los huevos. Ahora a dormir el resto de la noche, que el sueño
nocturno es el mejor.
tejido y allí eran enterrados los huevos.
-Acá protegemos a las nidadas
– explicó Arturo- y como están en realidad en la misma playa, al nacer, las
tortuguitas reciben la misma información que si hubieran quedado en el nido
materno.
¿Información? – Preguntó
Vanesa- ¿Les dan información a las tortuguitas?
Arturo se rió a carcajadas: -
No, no, - dijo cuando terminó de reírse-
Esa información no se las da
nadie. Sucede que al nacer, las tortuguitas reconocen ciertos olores especiales
de la arena, o algún indicio por el estilo, que les informa en que lugar del
mundo nacieron. Así, por mas que migren miles de kilómetros, al crecer podrán
volver a esta misma playa a poner huevos.
Y ahora a cavar los pozos.
Pero cuidado, deben ser de la misma profundidad que los que hace la tortuga, ni
mas, ni menos. Si son demasiado hondos los huevos se pueden pudrir y si son
poco hondos se sobrecalientan. Y aparte hay otra cosa. ¿Saben? Hace ya unos
cuantos años se descubrió que el sexo de las tortuguitas no está determinado a
la hora de formarse el huevo dentro de la madre. En el caso de los seres
humanos, en el momento mismo de la fecundación queda determinado el sexo del
futuro bebe, pero en las tortugas marinas lo da la temperatura del nido. Los
huevos que están de la mitad para arriba reciben mas calor y dan machos y los
de abajo reciben menos y dan hembras.
Antes de que eso se supiera,
hubo algunas estaciones de cría que estuvieron largando al mar durante años
solamente miles y miles de machos. Para arreglar la cosa, después tuvieron que
“producir” miles y miles de hembras.
Una vez que las tortuguitas
nacen quedan retenidas por el alambre, que las protege de los perros y los
gatos. Luego se las junta, se las pone cerca de la orilla y misión cumplida.
Vanesa y Fermín estuvieron
trabajando activamente en la conservación de las tortugas marinas durante cinco
cansadores días, o mejor dicho, cinco cansadoras noches.
Bueno chicos – dijo Arturo la
quinta mañana luego de que enterraran los huevos – aquí terminó su misión: los
voy a echar de menos. Realmente me ayudaron mucho, muchas gracias. Y me
gustaría que si se les ocurre alguna idea para mejorar la conservación de las tortugas
me la hagan llegar.
Que quieres que te diga Arturo
– le contestó Vanesa-, la situación me parece horrible. Si no fuera por la
gente como tú, ya no quedarían tortugas marinas. Entre los que las matan para
comérselas, las que mueren atrapadas en las redes de pesca, las que mueren por
comer el plástico que flota en el mar o desorientadas por las luces de las
playas, y los huevos que se roban…! en pocos años no va a quedar ninguna!
Es cierto – murmuró Fermín-.
¡Como me gustaría que tuvieran
al menos un lugar donde pudieran poner los huevos tranquilas! – deseó Vanesa en
voz alta.
Bueno - los tranquilizó
Arturo- ,en realidad ese lugar existe.
¿En serio?- se maravillaron
los chicos.
Si, se llama Playa Nancite, y
si quieren los puedo llevar.
El jeep bajaba lentamente,
pero en forma constante por un camino de tierra bordeado de selva. Los árboles
no eran muy altos y la vegetación tampoco muy exuberante, porque andaban por el
Noroeste de Costa Rica, en el bosque tropical seco.
En esa zona hay solo dos
estaciones en el año, una seca, la mas prolongada y una lluviosa. Estaban al
comienzo de la estación lluviosa, cuando la tierra y los animales todavía
tienen mucha sed.
A pesar de que había sol, cada
tanto caía un chaparrón que le complicaba las cosas a Arturo, quien manejaba el
jeep, porque el camino de tierra, en realidad, ya era de barro.
¡Camel Trophy! – gritaba
Fermín, mientras el barro saltaba por todas partes, sin duda recordando algo
que había visto sobre una competencia de vehículos todo terreno.
En los lugares de mayor
pendiente, el jeep andaba mejor, pero sobre las partes mas planas a veces
patinaba y andaba un poco atravesado.
El camino angosto seguía
bajando entre dos murallas verdes.
Por sobre las copas de los
árboles, cada tanto, asomaban las colinas selváticas que los rodeaban.
¡Una tortuga terrestre! –
Gritó Fermín-.
¡Para, Arturo, para! -Lo
siguió Vanesa-.
Bajaron del jeep en medio de
un fuerte chaparrón sin que mermara el sol en lo mas mínimo, claro indicio de
que sólo se trataba de otra nube pequeña.
Era una bonita tortuga del
tamaño de media pelota de fútbol. Marrón, con largas estrías amarillas
dispuestas a modo de estrellas.
Es una tortuga terrestre y
vino a beber el agua que se junta en la huella del camino- explicó Arturo-. Al
final de la época seca hace falta mucha agua en el bosque y cualquier pozo en
el camino es aprovechado por los sedientos animales. Esta tortuga no va a ser
el único animal que veamos.
Por suerte este camino es poco
transitado, pero ¿saben? Es una pena que muchas veces las primeras aguas que se
juntan se dan en las huellas de los caminos y los conductores de los autos, sin
darse cuenta aplastan a muchos animales…
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