lunes, 18 de mayo de 2015

La Misión de Vanesa y Fermín 2



PLAYA NANCITE

¡Que excitación! Acababan de llegar a Jacó, un balneario situado en la costa del Océano Pacífico en Costa Rica.
Desde hacía unos días, para Vanesa y Fermín Jacó era sinónimo de tortugas marinas. ¡Irían a su rescate!

Poco después de presentarse, Arturo, el encargado de los chicos en aquel país, les pidió que hicieran lo posible por dormir de día.
-¿De día?- exclamaron al unísono nuestros amigos.
-Si, de día. A las tortugas marinas les afecta mucho el sol y deben salir a tierra a poner huevos luego de que aquél se oculta, por eso debemos dormir todo lo posible durante el día, así estaremos frescos toda la noche. Es un poco duro al principio, pero después uno se acostumbra. ¡Pura vida!
-¿Tu haces eso?- Preguntó Vanesa.
-Sí – contestó Arturo-, lo hago desde hace varios años, cada temporada de postura de huevos dura cuatro meses. Son cuatro meses durmiendo mal.
-Todo sea por salvar a las tortugas.- Intervino Fermín.
-¿Pudieron dormir durante el viaje? Es decir, ¿quieren empezar esta misma noche?
¡Claro! ¡Seguro!- respondieron entusiasmados los chicos.
-Así me gusta- dijo Arturo- Comenzamos bien, son buenos chicos. Entonces cenemos y después salimos.

Era una noche sin luna, muy oscura. Las luces y el ruido del balneario habían quedado atrás. Ante ellos estaba la extensa, muy extensa Playa Hermosa. Grupos de cocoteros se alineaban sobre el borde de la playa y de tanto en tanto una casa interrumpía con potentes focos la oscuridad.
Arturo, Vanesa y Fermín se sentaron sobre uno de los muchos troncos que había acarreado el mar y mientras terminaban de conocerse y contarse un poco sus vidas, esperaron que la pleamar estuviera completa.
-¿Y porqué es tan importante que esté crecido el mar? – preguntó Vanesa.
-¿Y como se dan cuenta las tortugas de cuando está crecido? – Preguntó Fermín.
-Es importante que esté crecido- contestó Arturo- porque así se ahorran muchos metros de caminata. Ya van a ver que a las tortugas les cuesta arrastrarse y la diferencia entre bajante y pleamar es de varias decenas de metros. Además, al salir con marea alta, ya saben que si caminan bastante mas, el mar nunca va a llegar a inundar su nido.
¿Y como se dan cuenta?- prosiguió- En realidad no lo sé, pero los animales poseen algo que se llama reloj biológico. No usarán relojes como los nuestros, pero tienen una idea muy clara del paso del tiempo. Proviniendo de millones de generaciones en el mar, y habiendo pasado todas sus vidas en él, las tortugas deben tener muy claro cada cuantas horas hay cambio de marea ¿no les parece?
Bueno, basta de charla y a trabajar, que la marea ya está completa.

Y salieron a caminar por la orilla.
-Miren chicos, ya salió la primera. ¿Ven esta huella que parece de rueda de tractor? Es de una tortuga.
-¿Realmente, es igualita?- se sorprendió Fermín.
Los dibujos de afuera los dejan las patas delanteras- explicó Arturo- y los de adentro las traseras. Ahora la seguimos…la seguimos… y allá está- dijo, señalando con el dedo.-
-¡Si, allá está! Vanesa ahogó un grito- ¡Mi primera tortuga marina!
-Venga esa mano, Vanesa – Fermín le extendió la suya-. Creo que empezamos bien.
-Ahora, dos aclaraciones, chicos- susurró Arturo-. Una: hay que hablar bien bajito. Y dos: hay que encender la linterna lo menos posible. La tortuga todavía está buscando un buen sitio para poner los huevos. No va a demorar mucho en encontrarlo. Tiene que hacerlo rápido, porque si no, puede ser atrapada por un predador.
“Escuchen…ya no se oye nada, ya no se arrastra mas. Está descansando un poco antes de hacer el pozo.
-¿Predadores dijiste, Arturo? ¿Hay animales tan grandes por acá como para que puedan matar a semejante tortuga?- preguntó Fermín.
- Animales, animales hay pocos, antes lo era el jaguar, pero ahora la cosa cambió, porque esta zona está muy poblada.
Los predadores a los que me refiero suelen ser bravos, no siempre se detienen a la voz de alto, por eso traigo el rifle. Ya he cruzado algún tiro con los recolectores de huevos. Pero no se preocupen, eso pasa rara vez.

Los chicos se miraron por un instante, aunque a ninguno le quedó claro que lo hubiera hecho el otro, debido a la oscuridad.
-¿Oyen?- preguntó Arturo- Ya comenzó a cavar.
¡Ay, quiero ver! – exclamó bajito Vanesa.
¡Ya dijo que no se puede! – la reprendió bajito Fermín.
-Bueno, tampoco es tan así- intervino Arturo- podemos iluminar un poco, para eso tengo esta linternita que da luz roja, el foco está cubierto con un celofán de ese color. Como la iluminaremos de atrás no podrá ver nada.
Mientras, la tortuga hacía un movimiento rítmico con las patas de atrás. La hundía en la arena y, sacando bastante cantidad a la vez, la depositaba a un lado. Primero con una pata y luego con la otra, tomándole siempre el mismo tiempo.
-¿Hasta cuando va a seguir cavando?- susurró Vanesa.
-Hasta que al hundir las patas ya no saque arena – Contestó Arturo- Esa es la medida justa para la incubación de los huevos.
Miren, ya no saca mas ¡Que rápido hizo el pozo! –exclamó Fermín, excitadísimo, pero intentando no gritar.
-Ahora viene lo bueno, chicos- dijo Arturo-. Ahorita uno de ustedes mantendrá la bolsa abierta mientras el otro va juntando los huevos.
-¡Yo los junto!- saltó Vanesa.
-Bueno, pero después me toca a mi- dijo Fermín.
Tras un corto descanso, la tortuga comenzó a emitir unos bufidos muy leves, haciendo un esfuerzo para comenzar la postura.
-         No me deja meter la mano en el pozo- se quejó Vanesa. Cada vez que trato de hacerlo me lo tapa con una pata.
Esperá y vas a ver que al poner los huevos extiende las patas por un instante- dijo Arturo- ese es el momento que tenés que aprovechar cada vez para meter la mano.
-Ahí van- continuó el adulto- cayeron los dos primeros huevos. Muy despacio Vanesa, sacá la mano que ya va a poner otros.
Y efectivamente, cayeron tres mas.
Ahora- dijo Arturo-
-Pah, que mojados están- se sorprendió Vanesa.
- Pasa que con los huevos también cae un mucus que los mantiene húmedos. -Así está muy bien, - aprobó Arturo al ver que Vanesa ya le había agarrado la mano al trabajo.
Los huevos caían pesadamente de a dos, de a tres y mas raramente también de a uno.
-Ahora me toca a mi- dijo Fermín situándose rápidamente en el lugar que le había dejado Vanesa, mientras ella ahora mantenía la bolsa abierta.
-Si querés, Fermín – le dijo Arturo- podés hacer algo que a veces hago yo.
Mande- dijo Fermín.
-Ampliá un poco el pozo para que, sin tocarle las patas a la tortuga, puedas mantener las manos allí. Ella sin saberlo va a largar los huevos sobre tus manos.- explicó Arturo.
¡Tuc-tuc-tuc! Cayeron los huevos sobre la mano de Fermín.
Que lindo esto, - dijo el mexicanito- no me lo esperaba…

Luego de haber puesto unos cuantos huevos, la tortuga se demoró un poco más y así Arturo supo que solo le faltaba poner los últimos.
-Ahora retírense un poco chicos, va a tapar el pozo creyendo que sus huevos están ahí.
Como si pudiera ver hacia atrás, la tortuga retiró la arena que había depositado a cada lado del pozo. Lo tapó con rapidez y luego, para sorpresa de los chicos, cuando la obra parecía terminada, comenzó a ejecutar un movimiento que les pareció increíblemente rápido, no solamente por la fama de lerdas que tienen las tortugas, sino por los movimientos que la habían visto hacer.
Estaba apisonando la arena con la misma rapidez con que podría hacerlo una mano, pero el animal lo hacía con el peto, la parte de debajo de su caparazón, con rápidos movimientos de subir y bajar alternadamente sus patas delanteras y traseras. Todo su cuerpo vibraba, produciendo un “taca-taca-taca” al caer sobre la arena. También giraba, ignorando a quienes habían ido a ayudar a que sobreviviera su prole y su especie.
Cuando al girar así quedó mirando hacia el mar, se detuvo un instante y emprendió el regreso a las olas que quizás la llamaban.
Fermín preguntó – No creo que esté bien, pero…? La puedo tocar un poquito?
Solo un poquito y en su caparazón –cedió Arturo-
Fermín tocó, mas bien rozó con sus dedos el carapacho, la parte dorsal del caparazón de las tortugas y le dijo: buena suerte amiga.

-¿Ven, chicos? ¿Ven como en la oscuridad total de la noche el mar es mas claro debido a la espuma? Es por eso que no debemos usar mucho las linternas, porque su luz confunde a las tortugas.
-¡Como pesa la bolsa! –exclamó Vanesa.
-Ya lo creo- Dijo Fermín- conté sesenta y ocho huevos.
-Vamos a mantener separados los huevos de cada postura- les explicó Arturo-. Si no, su propio peso los puede romper. Los iremos metiendo en bolsas distintas.
¿Seguimos?


No hay comentarios:

Publicar un comentario