Juan Carlos Gambarotta
Primera
Edición : Ediciones Trilce, 2001
Como muchos de ustedes saben, hay grupos de personas que se ocupan de
buscar soluciones a los problemas de La
Tierra, este maltratado planeta en el que vivimos. Algunos de esos grupos se
dedican sobre todo a los problemas globales, como el calentamiento de La Tierra
o el deterioro de la capa de ozono. A otros les interesa resolver que hacer con
la basura que se acumula cada día en su ciudad, o detener la contaminación, o
detener el uso de los cultivos transgénicos. Y otros están inquietos por la
rápida extinción de miles y miles de animales y plantas. Pero sea cual sea su
interés, lo que hacen beneficia a la larga o a la corta a todo el medioambiente
y por ende, también a todas las personas, incluso a las que increíblemente aún
hoy creen que todo eso son bobadas.
Estos grupos se llaman organizaciones ambientalistas.
Como el ambiente no tiene fronteras, a veces esas organizaciones celebran
reuniones internacionales.
Fue en una importante reunión latinoamericana, donde, ya cerca del
final, el delegado de un país se paró para que todos pudieran verlo mejor y
dijo:
-Amigos y amigas, por todo lo que hemos visto y hablado durante estos
cuatro días, es claro que América Latina está enfrentando problemas ambientales
muy graves. No creo que no existan soluciones, creo que hemos errado en la
forma de buscarlas.-
El delegado de otro país dijo que lo peor era que mucha gente ni
siquiera quería reconocer los problemas,
pese a que éstos a veces eran tan evidentes que podrían ser
identificados por un niño.
Todos asintieron y la representante de otro país dijo: Eso es cierto, yo
creo que un niño no solamente podría identificar claramente algunos problemas,
sino que también podría hacer propuestas válidas para solucionarlos. A veces
sería tan fácil solucionar las cosas si se contara con buena voluntad…
Otro delegado intervino:
-
Tiene razón. Tendríamos que hacer algo nuevo,
deberíamos buscar una nueva forma de llegar a la gente que aun está dormida y no
ve los peligros que corremos si seguimos deteriorando el planeta. Ya hemos
hecho muchos esfuerzos para salvar animales y plantas en peligro de extinción,
para evitar la contaminación y muchas cosas mas, pero lo que ahora necesitamos
es que mucha mas gente se sume a nosotros, porque el final de cuentas estamos
trabajando por el bien de todos.
-Entonces voy a proponerles
una idea un poco loca- dijo el que habló primero- un poco loca, pero creo que
es posible, y como ya dijimos que tenemos que hacer algo diferente…
¿Qué tal si enviamos a dos
chicos, por ejemplo a un niño y a una niña, a recorrer el continente? Tendrían
que tener unos trece años, o sea, ser aun bastante niños, pero también ser
capaces de tener cierta independencia. Quedarían a cargo de los grupos
ambientalistas de cada país y serían llevados a los sitios que tienen problemas
sin darles ninguna explicación previa.
Si los problemas a veces son
tan evidentes como creemos, ellos los notarán y si se les ocurre alguna idea de
cómo solucionarlo lo escribirán. Podrían ser entrevistados por radio y
televisión y podrían aparecer en videos cortos en Internet, tener su blog etc.
Y podríamos compilar y publicar sus hallazgos…?Se imaginan el poder
multiplicador que podría tener eso?
-Esa era la idea un poco loca…
bueno…? Loca no? - agregó en voz mas baja el orador al notar que en la sala se
había hecho silencio.
Cinco largos segundos después
se oyó el primer grito de aprobación:
¡Fantástico! -Y siguieron
muchos otros- ¡Notable! ¡Excelente! ¡Buenísimo! Todos los presentes se pararon
y aprobaron con aplausos la “loca” propuesta.
¿Cómo seleccionaremos a los
niños? -preguntó una delegada-. Lo mejor sería hacer un concurso, pero vamos a
demorar mucho organizándolo y seleccionando a los ganadores.
-
Yo propongo- dijo otro señor- que nos comuniquemos con
todos los miembros de nuestros respectivos grupos y les preguntemos si tienen
hijos de esa edad y de tenerlos, que nos den sus nombres. Pongamos en una caja
todos los papelitos con esos nombres para hacer un sorteo. A los primeros dos
que salgan sorteados les preguntaremos a sus padres y a los propios chicos si
estarían dispuestos a realizar esa misión. Si la respuesta fuera negativa,
sortearíamos otros nombres.
En cuestión de pocas horas,
entre teléfono y correo electrónico fueron averiguados los nombres de muchos
niños y niñas en todos los países de América latina.
Y así se hizo la elección,
rapidito, porque los ambientalistas creen (o mejor dicho, saben) que no hay
tiempo que perder.
Los beneficiados fueron Vanesa
y Fermín. Digo beneficiados, porque el viaje iba a durar varios meses. Lo malo
sería que perderían el año escolar por faltas, pero sin duda tendrían la
oportunidad de aprender muchas cosas al vivir América latina en carne propia…
Irían a lugares apartados, a
donde muy poca gente ha llegado, conocerían culturas distintas, algunas de las
cuales están desapareciendo, verían montañas que aún no tienen nombre y
compartirían días con nuevos amigos, algunos de los cuales no volverían a ver,
pero que quedarían en sus corazones.
Vanesa nació en Viña del Mar,
Chile y es descendiente de colonos europeos. Fermín nació en Ciudad de México y
desciende de indígenas del Sur del país.
Se dice que de tal palo, tal
astilla, y algo de eso se cumple con nuestros viajeros, porque siendo hijos de
ambientalistas, ya tenían mucho interés por la conservación de la naturaleza.
Eso resultaba positivo para el proyecto, porque Vanesa y Fermín estaban
preparados para identificar muchos de los problemas existentes y quizás podrían
proponer algunas soluciones.
Aún sin conocerse, y estando
muy lejos el uno del otro, los dos sintieron lo mismo luego de aceptar con
entusiasmo la propuesta de sus padres: dudas.
-¿Y si extraño? Bueno, me
puedo volver cuando quiera. – pensaron.
- ¿Y si me pierdo? No, los de
las organizaciones no nos van a dejar perder. Se comprometieron a que al menos
siempre andaría un mayor con nosotros.
-¿Y si no logro amigarme con
otro chico? – Pensó Vanesa- me vuelvo.
-Ojalá no sea peleadora- pensó
Fermín.
Y también los dos, luego de
dejar resueltas sus dudas, comenzaron a saborear la verdadera magnitud de lo
que iban a emprender. Ambos sintieron eso que a casi todos los latinoamericanos
nos pasa alguna vez al tomar conciencia de lo que podríamos ser: la sensación
repentina de que podemos ver el continente como si lo miráramos desde arriba,
lleno de color y de cosas maravillosas, y de que uno mismo se multiplica por
mil y vive un segundo en le corazón de gente que desconoce pero que sabe que
existe.
Fue bueno que no tuvieran que
esperar mas de quince días entre la toma de su decisión y el inicio del viaje,
porque de otra manera su hubieran puesto muy nerviosos y habrían comenzado de
nuevo con sus dudas.
La Misión se armó sin seguir
un orden geográfico. A medida que en cada país se terminaba con la elección del
sitio mas conveniente para que fuera visitado por los chicos y se terminaban
los preparativos se lo incorporaba al itinerario.
Hubiera tomado mucho tiempo
organizar el viaje comenzando por una punta del continente y terminando en la
opuesta y, como sabemos, no hay tiempo que perder.
Mas o menos en la misma fecha
se hicieron las despedidas en dos colegios distantes miles de kilómetros entre
sí.
En una, los compañeros de
clase le regalaron al homenajeado una mochila color verde aceituna con el mapa
de América latina bordado en hilos de colores. En la otra, a la futura viajera
le regalaron una agenda con mucho lugar para escribir y una brújula.
Continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario