sábado, 16 de mayo de 2015

La Misión de Vanesa y Fermín



Juan Carlos Gambarotta


Primera Edición : Ediciones Trilce, 2001


Como muchos de ustedes saben, hay grupos de personas que se ocupan de buscar soluciones a los problemas  de La Tierra, este maltratado planeta en el que vivimos. Algunos de esos grupos se dedican sobre todo a los problemas globales, como el calentamiento de La Tierra o el deterioro de la capa de ozono. A otros les interesa resolver que hacer con la basura que se acumula cada día en su ciudad, o detener la contaminación, o detener el uso de los cultivos transgénicos. Y otros están inquietos por la rápida extinción de miles y miles de animales y plantas. Pero sea cual sea su interés, lo que hacen beneficia a la larga o a la corta a todo el medioambiente y por ende, también a todas las personas, incluso a las que increíblemente aún hoy creen que todo eso son bobadas.
Estos grupos se llaman organizaciones ambientalistas.
Como el ambiente no tiene fronteras, a veces esas organizaciones celebran reuniones internacionales.
Fue en una importante reunión latinoamericana, donde, ya cerca del final, el delegado de un país se paró para que todos pudieran verlo mejor y dijo:
-Amigos y amigas, por todo lo que hemos visto y hablado durante estos cuatro días, es claro que América Latina está enfrentando problemas ambientales muy graves. No creo que no existan soluciones, creo que hemos errado en la forma de buscarlas.-
El delegado de otro país dijo que lo peor era que mucha gente ni siquiera quería reconocer los problemas,  pese a que éstos a veces eran tan evidentes que podrían ser identificados por un niño.
Todos asintieron y la representante de otro país dijo: Eso es cierto, yo creo que un niño no solamente podría identificar claramente algunos problemas, sino que también podría hacer propuestas válidas para solucionarlos. A veces sería tan fácil solucionar las cosas si se contara con buena voluntad…
Otro delegado intervino:
-         Tiene razón. Tendríamos que hacer algo nuevo, deberíamos buscar una nueva forma de llegar a la gente que aun está dormida y no ve los peligros que corremos si seguimos deteriorando el planeta. Ya hemos hecho muchos esfuerzos para salvar animales y plantas en peligro de extinción, para evitar la contaminación y muchas cosas mas, pero lo que ahora necesitamos es que mucha mas gente se sume a nosotros, porque el final de cuentas estamos trabajando por el bien de todos.
-Entonces voy a proponerles una idea un poco loca- dijo el que habló primero- un poco loca, pero creo que es posible, y como ya dijimos que tenemos que hacer algo diferente…
¿Qué tal si enviamos a dos chicos, por ejemplo a un niño y a una niña, a recorrer el continente? Tendrían que tener unos trece años, o sea, ser aun bastante niños, pero también ser capaces de tener cierta independencia. Quedarían a cargo de los grupos ambientalistas de cada país y serían llevados a los sitios que tienen problemas sin darles ninguna explicación previa.
Si los problemas a veces son tan evidentes como creemos, ellos los notarán y si se les ocurre alguna idea de cómo solucionarlo lo escribirán. Podrían ser entrevistados por radio y televisión y podrían aparecer en videos cortos en Internet, tener su blog etc. Y podríamos compilar y publicar sus hallazgos…?Se imaginan el poder multiplicador que podría tener eso?
-Esa era la idea un poco loca… bueno…? Loca no? - agregó en voz mas baja el orador al notar que en la sala se había hecho silencio.
Cinco largos segundos después se oyó el primer grito de aprobación:
¡Fantástico! -Y siguieron muchos otros- ¡Notable! ¡Excelente! ¡Buenísimo! Todos los presentes se pararon y aprobaron con aplausos la “loca” propuesta.
¿Cómo seleccionaremos a los niños? -preguntó una delegada-. Lo mejor sería hacer un concurso, pero vamos a demorar mucho organizándolo y seleccionando a los ganadores.
-         Yo propongo- dijo otro señor- que nos comuniquemos con todos los miembros de nuestros respectivos grupos y les preguntemos si tienen hijos de esa edad y de tenerlos, que nos den sus nombres. Pongamos en una caja todos los papelitos con esos nombres para hacer un sorteo. A los primeros dos que salgan sorteados les preguntaremos a sus padres y a los propios chicos si estarían dispuestos a realizar esa misión. Si la respuesta fuera negativa, sortearíamos otros nombres.

En cuestión de pocas horas, entre teléfono y correo electrónico fueron averiguados los nombres de muchos niños y niñas en todos los países de América latina.
Y así se hizo la elección, rapidito, porque los ambientalistas creen (o mejor dicho, saben) que no hay tiempo que perder.
Los beneficiados fueron Vanesa y Fermín. Digo beneficiados, porque el viaje iba a durar varios meses. Lo malo sería que perderían el año escolar por faltas, pero sin duda tendrían la oportunidad de aprender muchas cosas al vivir América latina en carne propia…
Irían a lugares apartados, a donde muy poca gente ha llegado, conocerían culturas distintas, algunas de las cuales están desapareciendo, verían montañas que aún no tienen nombre y compartirían días con nuevos amigos, algunos de los cuales no volverían a ver, pero que quedarían en sus corazones.

Vanesa nació en Viña del Mar, Chile y es descendiente de colonos europeos. Fermín nació en Ciudad de México y desciende de indígenas del Sur del país.

Se dice que de tal palo, tal astilla, y algo de eso se cumple con nuestros viajeros, porque siendo hijos de ambientalistas, ya tenían mucho interés por la conservación de la naturaleza. Eso resultaba positivo para el proyecto, porque Vanesa y Fermín estaban preparados para identificar muchos de los problemas existentes y quizás podrían proponer algunas soluciones.

Aún sin conocerse, y estando muy lejos el uno del otro, los dos sintieron lo mismo luego de aceptar con entusiasmo la propuesta de sus padres: dudas.
-¿Y si extraño? Bueno, me puedo volver cuando quiera. – pensaron.
- ¿Y si me pierdo? No, los de las organizaciones no nos van a dejar perder. Se comprometieron a que al menos siempre andaría un mayor con nosotros.
-¿Y si no logro amigarme con otro chico? – Pensó Vanesa- me vuelvo.
-Ojalá no sea peleadora- pensó Fermín.
Y también los dos, luego de dejar resueltas sus dudas, comenzaron a saborear la verdadera magnitud de lo que iban a emprender. Ambos sintieron eso que a casi todos los latinoamericanos nos pasa alguna vez al tomar conciencia de lo que podríamos ser: la sensación repentina de que podemos ver el continente como si lo miráramos desde arriba, lleno de color y de cosas maravillosas, y de que uno mismo se multiplica por mil y vive un segundo en le corazón de gente que desconoce pero que sabe que existe.

Fue bueno que no tuvieran que esperar mas de quince días entre la toma de su decisión y el inicio del viaje, porque de otra manera su hubieran puesto muy nerviosos y habrían comenzado de nuevo con sus dudas.

La Misión se armó sin seguir un orden geográfico. A medida que en cada país se terminaba con la elección del sitio mas conveniente para que fuera visitado por los chicos y se terminaban los preparativos se lo incorporaba al itinerario.
Hubiera tomado mucho tiempo organizar el viaje comenzando por una punta del continente y terminando en la opuesta y, como sabemos, no hay tiempo que perder.

Mas o menos en la misma fecha se hicieron las despedidas en dos colegios distantes miles de kilómetros entre sí.
En una, los compañeros de clase le regalaron al homenajeado una mochila color verde aceituna con el mapa de América latina bordado en hilos de colores. En la otra, a la futura viajera le regalaron una agenda con mucho lugar para escribir y una brújula.

Continuará

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