Ellos creían que al producir papas mas grandes y mas lindas las iban a
poder vender mejor en los mercados, pero lo cierto es que están peor que
nosotros que casi no manejamos dinero.
Fermín y Vanesa se quedaron unos días en Sumallacta y disfrutaron mucho
del trabajo en la comunidad. Ayudaron a alimentar a los cuises, que eran
mantenidos en jaulas, regaron los rosales y anduvieron a caballo juntando a las
vacas, ovejas y llamas. También subieron a las montañas cercanas y jugaron con
los chicos de allí, logrando entenderse con ellos pese a hablar distintos
idiomas.
El día que se pudieron cosechar varias parcelas de maíz disfrutaron de
la alegría del trabajo hecho por todos y para todos. Al llegar la noche, la
música de una quena fue la señal para una eclosión de sicus y charangos.
Un comunero viejo que no habían visto antes, se les presentó cuando ya
estaban por partir. Tenía linda mirada y su cara arrugada parecía el retrato de
la serenidad.
El viejo les dijo en el mas perfecto castellano:
Apreciamos que hayan venido. Sepan que estamos viviendo en una segundad
Edad Media. En la primera, que no se dio en América, dominaba la ignorancia y el
conocimiento estaba oculto en unas pocas bibliotecas.
Esta segunda Edad Media es de ignorancia ambiental y lamentablemente se
está dando en todo el mundo. Se está acabando con todos los bienes naturales.
Nosotros, durante miles de años hemos desarrollado muchas variedades de
cultivos y también seremos nosotros quienes las cuidaremos.
Así, cuando termine esta Edad Media, cuando la sociedad envolvente se de
cuenta de cual es la razón de la vida, nuestras semillas estarán a disposición
y todos quienes las cultiven podrán comer de allí. Nosotros sabremos olvidar
los malentendidos y todos los engaños que se nos han hecho.
No hace tanto tiempo, la esclavitud estaba bien vista para la mayoría de
las personas. Dentro de unos años estará mal visto esclavizar a la naturaleza.
Sabemos que vinieron a ayudarnos y en nombre de todos les pido que
divulguen lo que han visto y vivido y así nos ayudarán a salvar nuestra manera
de ser.
Les deseamos la mayor suerte en sus viajes y que tengan éxito en su
emprendimiento.
Del Diario de viaje de Vanesa:
… el viejito dijo : cuando la
gente se de cuenta de cual es la razón de la vida…He estado pensando sobre ello
y creo que la razón de la vida es disfrutarla sin molestar a los demás y eso
incluye no molestar a la naturaleza.
También me quedé pensando en
lo que nos dijo Quispe ¿acaso no hay contaminación en las ciudades y sigue
llegando gente nueva cada día?
Creo que la gente no alcanza a
ver los problemas que tiene delante, o que si los ve, se acostumbra a ello y le
parece normal…
El Cencerro
El bus, que había salido de Montevideo unas horas antes, parecía jugar
solitario en las suaves subidas y bajadas de la ruta. A cada lado, miles de
vacas y ovejas.
¿Qué saben de Uruguay? – preguntó Verónica, una joven y simpática
zoóloga que había quedado a cargo de los chicos en ese país.
Muy poco- contestaron ellos. La verdad es que casi no hablamos de
Uruguay en las clases de geografía.
No era de extrañar. El pequeño país, que parece asomar entre Argentina y
Brasil, carece, según algunos, de grandes atractivos naturales. Según otros,
entre ellos Verónica, el país de la pampa ondulada, aporta al mundo unas
bellezas ingenuas y una flora y unos cerros hechos a escala humana, fácilmente
disfrutables.
La llegada a Tacuarembó los sorprendió entre anécdotas de sus viajes
recientes.
Alli los esperaba una camioneta que los llevaría a uno de los lugares
mas apartados de la región pampeana y sin duda, el de fauna mejor conservada.
Ni Vanesa ni Fermín tenían claro de que se trataba esta visita, porque
los uruguayos, hasta ese momento habían mantenido el secreto.
Habían dejado atrás la ruta pavimentada y andaban por un camino de
tierra y piedras que cruzaba aquel paisaje de colinas cubiertas de pasto
amarillento.
Cada tanto los miraban pasar grupitos de ñandúes, las aves mas grandes
de América y los mas asustadizos emprendían cortas carreras en zigzag a una
velocidad increíble, abriendo de a una, sus enormes alas de frondosas plumas.
¡Éstos no parecen ñandúes! – Gritó entusiasmado Fermín al ver tres
grandes aves, flacas y copetudas, que cruzaban el camino a la carrera por
delante de ellos.
No, son seriemas – dijo Verónica.
Y en el momento menos pensado, aquellas aves levantaron vuelo de a una
para cruzar el alambrado, tocando tierra de nuevo cincuenta metros mas lejos.
¡Que envidia sentirán los ñandúes cuando ven volar a las seriemas! Dijo
Fermín y los tres rieron.
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