Juan Carlos Gambarotta
¡Buen día
pichoncitos! ¿A quien le toca acompañar a papá hoy? – dijo la mamá cardenal.
¡A mi!
–Dijo corbatita. Y padre e hijo salieron juntos a buscar frutitos y semillas
para toda la familia.
Estaban
juntando unos frutitos rojos de Chal-chal, cuando papá cardenal oyó unos
gritos:
¡Socorro!
¡Auxilio!
Se
acercaron un poco y vieron que alguien estaba enjaulado. Quien estaba preso era
su primo el Cardenal amarillo.
Quédate
aquí Corbatita- dijo el papá- Yo iré a ver como puedo prestar ayuda.
Pero
Corbatita tuvo miedo de quedar solo y emprendió vuelo atrás suyo.
¡Buscaré la
forma de liberarte! Gritó a su primo el papá cardenal.
¿A las
gaviotas que tienen fuerza? ¿A las urracas que son muy inteligentes?...
Pero
mientras estaba preocupado por como liberar a su primo, oyó un fuerte ruido:
Miró hacia
atrás y vio con espanto que Corbatita había caído en una trampa.
¡Su hijo también
estaba atrapado! ¡Horror! ¿Qué hacer ahora?
Un hombre
apareció tras un árbol y papá cardenal vio espantado como se acercaba mas y más
a su hijo.
Corbatita no
sabía como ocultarse, la trampa fue abierta y de inmediato sintió que lo
apretaba una enorme mano.
Corbatita
piaba con toda su fuerza llamando a su papá, pero éste nada pudo hacer y vio
como su hijito era tirado dentro de una jaula que estaba tapada con una tela.
Al
principio Corbatita solamente pudo oir quejidos y lamentos, pero al rato su vista
se habituó un poco a la oscuridad y se dio cuenta de que en esa jaula había
muchos otros pájaros.
¡Agua,
agua!- pedían a su derecha naranjeros, dorados y celestotes.
¡Agua,
agua! Rogaban a su izquierda zorzales, pechos colorados y cabecitas negras.
¿Qué
hicimos para merecer esto? Se quejaba un federal.
¡Papá,
mamá!- gritaba Corbatita desesperado, pero su voz era tapada por los lamentos
de los demás pájaros.
¡Corbatita,
Corbatita! Gritaba papá cardenal mientras sobrevolaba la jaula.
Pasaron las
horas y cuando el cazador vio que papá cardenal no caería en la trampa, juntó
las jaulas, las puso en su camioneta y se fue.
No lo puedo
perder de vista, se decía una y otra vez.
Voló y
voló.
Cuando el
sol ya estaba por ponerse, comenzó a sentirse mas preocupado aun, porque los
pájaros no ven bien de noche y temió perder de vista la camioneta donde
llevaban raptado a su pichón. Pero justo en ese momento vio una lechuza posada
al lado del camino.
¡Ayúdame
lechuza! -Le dijo. Han raptado a un hijo mío y lo llevan en ese camión. ¿Me
guiarías en la oscuridad?
¡Claro que
si! Todos tenemos que ayudarnos. ¡Tómate de mi ala!
Y así
volaron y volaron hasta que el camión se detuvo ya muy entrada la noche.
Luego de
descansar un rato, papá cardenal agradeció su gran ayuda a la lechuza y ésta se
fue antes de que terminara la noche.
Al
aproximarse el amanecer, papá cardenal volvió a ver con claridad y notó que se
estaban aproximando mas camiones y comenzó a oir voces de muchas personas.
De unos
camiones los hombres sacaban frutas, de otros verduras y de otros ropa. ¡Se
estaba armando una feria!
El pajarero
separó a los pájaros que había atrapado poniéndolos en varias jaulas para que
lucieran mejor.
Cuando papá
cardenal y Corbatita volvieron a verse se emocionaron mucho y volvieron a
llamarse: ¡Corbatita, Corbatita!
¡Papá,
papá!
¡Sálvame
papá! Tengo sed y hambre!
Papá
cardenal, desesperado y asustado con la llegada de mas gente, comenzó a
revolotear ante la cara del pajarero y sobre la jaula donde estaba su
pichoncito.
El pajarero
lo espantó con un diario, pero papá cardenal comenzó a piar mas y mas fuerte.
En eso un
niño lo vio y dijo: ¡Mira mamá! ¡Ese pájaro está alborotado, vamos a ver que le
pasa!
¡Que chico
es ese pajarito mamá! Dijo el niño al descubrir a Corbatita en el fondo de una
jaula.
Ese
cardenal que está volando debe ser su papá. Dijo la mamá del niño.
Pobre
pajarito. ¡Suéltelo! Dijo el niño al pajarero.
Si te da
lástima, cómpramelo y suéltalo tú. Dijo el pajarero.
¡De ninguna
manera! Dijo la mamá del niño. ¡Suéltelo usted mismo señor!
Al oir esos
gritos, se fue juntando mas y mas gente, que veía la tristeza de Corbatita, la
desesperación de papá cardenal y el alboroto que hacían todos los demás pájaros
enjaulados al ver el reencuentro de papá cardenal con su hijito.
Fue
entonces cuando el niño gritó, ¡Ayúdenme a salvar a ese pajarito! Y todas las
personas, tanto los que habían ido a comprar fruta, como los que habían ido a
comprar verduras o ropa, comenzaron a exigir al pajarero: ¡Suéltelo, suéltelo!
¡Ya basta
de gritos! Está bien , dijo él y abriendo la jaula, tomó a corbatita y lo lanzó
al aire, dándose de inmediato un abrazo con su papá.
Al ver la
alegría de ambos y para sorpresa del pajarero, la gente siguió exigiendo:
¡Suéltelos a todos! ¡Si, a todos!
Y muerto de
vergüenza el hombre una por una fue abriendo las jaulas y todos quedaron
sorprendidos por lo que pasó: Ningún otro pájaro pudo volar.
Una
vendedora de refrescos tuvo la idea de darles agua, y al ver como la bebían, otro vendedor les dio
pan.
Los pájaros
comieron y enseguida todos los presentes quedaron admirados de lo que sucedió:
ya repuestos, al levantar vuelo los pájaros formaron una explosión de color
acompañada por los mas bellos trinos.
Hicieron lo que mejor sabían hacer, agradeciendo de ese modo la ayuda que les dio la gente buena.
Hicieron lo que mejor sabían hacer, agradeciendo de ese modo la ayuda que les dio la gente buena.
FIN
MUY BUENO
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