domingo, 3 de mayo de 2015

corbatita

Con ilustraciones del tipo ¨peor es nada¨.
Juan Carlos Gambarotta



¡Buen día pichoncitos! ¿A quien le toca acompañar a papá hoy? – dijo la mamá cardenal.
¡A mi! –Dijo corbatita. Y padre e hijo salieron juntos a buscar frutitos y semillas para toda la familia.
Estaban juntando unos frutitos rojos de Chal-chal, cuando papá cardenal oyó unos gritos:
¡Socorro! ¡Auxilio!
Se acercaron un poco y vieron que alguien estaba enjaulado. Quien estaba preso era su  primo el Cardenal amarillo.

Quédate aquí Corbatita- dijo el papá- Yo iré a ver como puedo prestar ayuda.
Pero Corbatita tuvo miedo de quedar solo y emprendió vuelo atrás suyo.
¡Buscaré la forma de liberarte! Gritó a su primo el papá cardenal.
¿A quien podré pedir ayuda? –Pensó-

¿A las gaviotas que tienen fuerza? ¿A las urracas que son muy inteligentes?...
Pero mientras estaba preocupado por como liberar a su primo, oyó un fuerte ruido:
Miró hacia atrás y vio con espanto que Corbatita había caído en una trampa.
¡Su hijo también estaba atrapado! ¡Horror! ¿Qué hacer ahora?
Un hombre apareció tras un árbol y papá cardenal vio espantado como se acercaba mas y más a su hijo.
Corbatita no sabía como ocultarse, la trampa fue abierta y de inmediato sintió que lo apretaba una enorme mano.
Corbatita piaba con toda su fuerza llamando a su papá, pero éste nada pudo hacer y vio como su hijito era tirado dentro de una jaula que estaba tapada con una tela.
Dentro estaba muy oscuro y hacía calor.

Al principio Corbatita solamente pudo oir quejidos y lamentos, pero al rato su vista se habituó un poco a la oscuridad y se dio cuenta de que en esa jaula había muchos otros pájaros.
¡Agua, agua!- pedían a su derecha naranjeros, dorados y celestotes.
¡Agua, agua! Rogaban a su izquierda zorzales, pechos colorados y cabecitas negras.
¿Qué hicimos para merecer esto? Se quejaba un federal.
¡Papá, mamá!- gritaba Corbatita desesperado, pero su voz era tapada por los lamentos de los demás pájaros.
¡Corbatita, Corbatita! Gritaba papá cardenal mientras sobrevolaba la jaula.

Pasaron las horas y cuando el cazador vio que papá cardenal no caería en la trampa, juntó las jaulas, las puso en su camioneta y se fue.
Papá cardenal no sabía que podía hacer para salvar a su hijo, pero decidió volar tras la camioneta.


No lo puedo perder de vista, se decía una y otra vez.
Voló y voló.
Cuando el sol ya estaba por ponerse, comenzó a sentirse mas preocupado aun, porque los pájaros no ven bien de noche y temió perder de vista la camioneta donde llevaban raptado a su pichón. Pero justo en ese momento vio una lechuza posada al lado del camino.

¡Ayúdame lechuza! -Le dijo. Han raptado a un hijo mío y lo llevan en ese camión. ¿Me guiarías en la oscuridad?
¡Claro que si! Todos tenemos que ayudarnos. ¡Tómate de mi ala!
Y así volaron y volaron hasta que el camión se detuvo ya muy entrada la noche.
Luego de descansar un rato, papá cardenal agradeció su gran ayuda a la lechuza y ésta se fue antes de que terminara la noche.
Al aproximarse el amanecer, papá cardenal volvió a ver con claridad y notó que se estaban aproximando mas camiones y comenzó a oir voces de muchas personas.
De unos camiones los hombres sacaban frutas, de otros verduras y de otros ropa. ¡Se estaba armando una feria!
El pajarero separó a los pájaros que había atrapado poniéndolos en varias jaulas para que lucieran mejor.
Cuando papá cardenal y Corbatita volvieron a verse se emocionaron mucho y volvieron a llamarse: ¡Corbatita, Corbatita!
¡Papá, papá!
¡Sálvame papá! Tengo sed y hambre!
Papá cardenal, desesperado y asustado con la llegada de mas gente, comenzó a revolotear ante la cara del pajarero y sobre la jaula donde estaba su pichoncito.
El pajarero lo espantó con un diario, pero papá cardenal comenzó a piar mas y mas fuerte.
En eso un niño lo vio y dijo: ¡Mira mamá! ¡Ese pájaro está alborotado, vamos a ver que le pasa!
¡Que chico es ese pajarito mamá! Dijo el niño al descubrir a Corbatita en el fondo de una jaula.
Ese cardenal que está volando debe ser su papá. Dijo la mamá del niño.
Pobre pajarito. ¡Suéltelo! Dijo el niño al pajarero.
Si te da lástima, cómpramelo y suéltalo tú. Dijo el pajarero.
¡De ninguna manera! Dijo la mamá del niño. ¡Suéltelo usted mismo señor!
Al oir esos gritos, se fue juntando mas y mas gente, que veía la tristeza de Corbatita, la desesperación de papá cardenal y el alboroto que hacían todos los demás pájaros enjaulados al ver el reencuentro de papá cardenal con su hijito.
Fue entonces cuando el niño gritó, ¡Ayúdenme a salvar a ese pajarito! Y todas las personas, tanto los que habían ido a comprar fruta, como los que habían ido a comprar verduras o ropa, comenzaron a exigir al pajarero: ¡Suéltelo, suéltelo!
¡Ya basta de gritos! Está bien , dijo él y abriendo la jaula, tomó a corbatita y lo lanzó al aire, dándose de inmediato un abrazo con su papá.
Al ver la alegría de ambos y para sorpresa del pajarero, la gente siguió exigiendo: ¡Suéltelos a todos! ¡Si, a todos!
Y muerto de vergüenza el hombre una por una fue abriendo las jaulas y todos quedaron sorprendidos por lo que pasó: Ningún otro pájaro pudo volar.
Una vendedora de refrescos tuvo la idea de darles agua,  y al ver como la bebían, otro vendedor les dio pan.
Los pájaros comieron y enseguida todos los presentes quedaron admirados de lo que sucedió: ya repuestos, al levantar vuelo los pájaros formaron una explosión de color acompañada por los mas bellos trinos. 


Hicieron lo que mejor sabían hacer, agradeciendo de ese modo la ayuda que les dio la gente buena.

FIN



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