jueves, 18 de julio de 2013

Relato: Indios Maká

Indios Maká

Los Maká han sido desplazados de sus tierras hace muchas décadas y solo se les ha “otorgado” un lugar en las afueras de Asunción.
El sitio, que podría tener una hectárea de superficie estaba cercado con palos y enredaderas, lo que permitía cierta privacidad a los indios, pero que a la vez podría representar el límite de su prisión.
Varios niños jugaban en la tierra pelada que quedaba entre choza y choza, las que necesitaban mantenimiento.
Algunas mujeres hilaban sus artesanías y unos hombres estaban sentados a la sombra de un gran árbol. Los Maká eran refugiados dentro de su propia tierra.
En el momento que yo entraba llegó un gran bus y comenzaron a bajar turistas norteamericanos quienes dieron muestras de estar decepcionados.
¿Esta es la Reserva Indígena? - dijo alguien.
Ellos querían ver “indios de verdad”, no gente pobre.
Una adolescente vivaz y de largo pelo negro había tenido la regla por primera vez y habría una danza para celebrar que una nueva mujer estaría disponible para continuar la existencia luchadora de la raza.
Solamente danzaron las mujeres, la mayoría ancianas y durante la misma, todo el tiempo estuvieron formando un círculo tomadas de los hombros.
No había música, salvo el sonido de cascabeles de semillas sujetos a sus tobillos.
Cantaban en lengua Maká y la letra fue un misterio para nosotros.
Al principio me pareció que el canto era pobre, pero la monotonía que sentí durante los primeros dos o tres minutos, al continuar, dio paso a otra impresión. Tuve la sensación de ser transportado como por el túnel del tiempo y de la vida.
Me aproximé mas a aquellas ancianas que cantaban en su lengua, la única que conocían. Ninguna hablaba español o guaraní, los dos idiomas oficiales del país, eso estaba reservado para los hombres.
La simple canción que un momento atrás me había parecido monótona, repentinamente dio paso a una nueva percepción y me pareció tener delante mío un desfile de las vivencias que esa gente había atesorado en el Chaco por miles de años.
Al fijarme de nuevo en sus caras, me pareció que todas las cantantes ya estaban en el pasado. Esas caras de mujer de una tribu que se extingue podrían ser de 1980 o del 1300.
¿Pero esas expresiones, no digo las facciones, se podrán ver en el 2050?
¿Cómo es que sus rostros podían expresar paz y armonía viviendo en ese gueto? Quizás esas fueran las expresiones de quienes saben  que tienen la razón.
Sentí que tenía que aprender a ser mas humilde.
No se porque pero me vino a la mente una frase “Por mucho tiempo tuve blandas las plantas de los pies y dura el alma. Ahora que soy un caminante, quiero tener dura la planta de mis pies y blanda el alma.”

Al terminar la danza, varias mujeres jóvenes se aproximaron para ofrecer artesanías.
“¿Por qué nos quieren vender estas cosas?- preguntó uno de los norteamericanos-
“En nuestro país les dimos los casinos y viven de eso”- agregó el turista.
“Sucede que ellos están reclamando desde hace mucho, al menos una parte de lo que fueron sus tierras – comenté-. Les gustaría criar carpinchos y ñandúes, ya no hablan de cazarlos solamente como hacían antes, pero aquí en este hacinamiento de chozas no poden hacerlo. ¿No cree usted? - pregunté y agregué:
Creo que debe ser bastante denigrante para un pueblo de cazadores pasarse la vida ofreciendo artesanías, pero no pueden hacer otra cosa.
Cómprenles algo, no tienen otra entrada.”
Como los viajeros del país rico hallaban caras las artesanías, me compré una mochilita, que tendría que regalar, porque mi mochila ya estaba llena y quizás por vergüenza tres de las turistas compraron algún collarcito.


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