jueves, 22 de agosto de 2013

relato: Un náufrago voluntario.

Un náufrago voluntario

Miami.
Vamos a hacer un paseo en kayak y elegimos comenzarlo en uno de los puertos de yates, que como en todo el mundo, constituyen pintorescas prolongaciones de las ciudades en el mar.
Frank va con su perro en un kayak y yo voy en otro.
No mucho después de haber salido estoy casi seguro de haber visto asomar el hocico de un manatí. Luego, al entrar en una zona donde hay una fuerte corriente, me doy cuenta de que algo grande y blanquecino se nos acerca bajo el agua llevado por la corriente y cuando pasa abajo nuestro nos damos cuenta de que se trata de un velero destruido. Vemos varios mas con diversas roturas, pero aún flotando, secuela de un huracán que ha pasado pocos días atrás.
Echemos una ojeada a esa islita- dijo Frank.
Era una isla boscosa, bordeada de abundantes mangles, redondeada y que tendría ciento cincuenta metros de diámetro.
Bajamos de los kayaks en una minúscula playita e inmediatamente aparecieron dos perros que nos ladraron y vinieron trotando hacia nosotros hasta que descubrieron el perro de Frank, el que fue inmediatamente aceptado.
El que vive acá es buen tipo- comenté- sus perros tienen buen carácter.
Casi inmediatamente un hombre viejo y flaco salió de la espesura. Tenía el pelo blanco, de puntas amarillas y largo hasta los hombros, barba canosa, bigotes largos y amarillentos, vestía un bermuda sucio como el de un mecánico y una camisa que hacía juego con los tonos de su pelo.
Buen día ¿que andan haciendo? Nos dijo, aunque me pareció que mas que buscar datos en nuestra respuesta los buscaba en nuestro aspecto.
Bueeen díaaa, buen hombre. Yo soy Frank Díaz, venezolano y este es el Juca, ciudadano del mundo residente en Uruguay, y este mas peludo es Bruno.  Andábamos en kayak, como ve y quisimos ver un poco esta isla. Si molestamos nos vamos…
¿Molestar? No, claro que no, para un solitario como yo es lindo alternar con gente sana como ustedes. Lo que no me banco es a los asquerosos, pero ustedes no parecen ser gente que solo está para la plata. ¿Porque no están solamente para la plata verdad?
¡Claro que no! Perdón, pero… ¿Cómo dijo que se llamaba? –dije.
¡Lo siento! Es que no suelo hablar con gente y me olvido de los buenos modales, es que siempre estoy un poco en guardia. ¿Saben? Nací en Connecticut, pero me harté de todo el rollo de este pais: pagar impuestos, financiar con el trabajo de uno las invasiones militares a otros países, tener que tener autos enormes, propiedades, la enfermedad mental de que todos anden armados. ¡Y que presidentes hemos tenido! ¡Demonios, gente del mal!
Bueno, como les decía, largue todo y me vine a Miami pensando que podría encontrar  algo  bueno para mi y asi fue. ¡me encontré esta islita!
Pero señor, usted es un ser excepcional- comentó Frank.
Si, bastante. ¡Una lástima! Si este país de porquería y de gente enferma por la plata tuviera mas gente como yo, la cosa sería diferente.
¿Cría gallinas y tiene una huerta acaso? –pregunta Frank.
Efectivamente señor. Y con eso y el alquiler de un par de yatecitos, ese azul y ese blanco que están ahí, complemento mis necesidades económicas. Pero miren que siempre quedan anclados eh. Se los alquilo a parejas, son mas baratos que pagar un motel.
Lo que les pido muchachos - ustedes parecen buena gente -lo que les pido es que no digan que me encontraron. Porque si los estúpidos de la prefectura, que están ahí nomás a mil metros, se dan cuenta de que vivo aquí me echarían y ya no tengo a donde ir.
¿Pero cuanto hace que vive acá señor? Pregunta Frank.
Nueve años.



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