Rosado y azul
Parque Nacional West Mc. Donnell, Australia.
Las colinas Mc. Donnell constituyen un
plegamiento, que visto desde arriba, se presenta como una larga arruga muy
recta de la Tierra.
Cada tanto, la colina es cortada por los
cuchillazos erosivos de pequeñísimos arroyuelos que no van a ningún lado. Nacen
con la lluvia que cae sobre la elevación de piedra y mueren allí nomás, aunque
un lecho de arena libre de vegetación, y unos pocos gruesos y bajos eucaliptos
situados a ambos lados de uno de ellos, indican que a veces el agua va un poco
mas allá. Por eso es que los mapas físicos del interior de Australia señalan el
final de los arroyos con una flechita que indica hacia donde corre el agua.
¿Qué tan lejos llegan? Eso depende de las lluvias de cada año, pero siempre
terminan en la arena, a pocos cientos de metros. Se los come la aridez.
Tras la llegada, al poco rato de caminar, nos
encontramos en un lugar de belleza extremadamente sencilla y fácil de recordar;
un regalo del desierto…
La eterna
sombra de las abruptas colinas rojizas, permitía la existencia de un charco de
agua de treinta metros de largo por cinco de ancho. A un lado de éste, había un
desmoronamiento de grandes rocas rosadas y algunos eucaliptus crecían a unos
metros de allí.
De pronto, una roca pareció moverse:
Un canguro de las rocas se había hartado de
mirarnos y decidió cambiar de posadero. Al pasar por cierto punto, otro canguro
se dio a conocer al moverse. Decidí que valía la pena jugar a “busque el
canguro” y en un momento encontré doce con solo “hurgar” entre las rocas con
los binoculares. Las marcas negras que presenta este animal en patas y cuello,
los camuflaban a la perfección imitando las sombras de las grietas de las
rocas. Al quedarnos quietos un rato, uno de ellos se acercó a beber. Se inclinó
sobre el agua y una cabecita asomó de su marsupio. Madre y cría bebieron a la
vez.
Una
gran águila cola de cuña apareció alto
tras la colina: el desierto estaba mostrándose generoso. Me llamó la atención
el color del cielo. No era celeste, era azul y así fue todos los días. Nunca
antes lo había visto de un tono tan oscuro y brillante.

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