martes, 27 de agosto de 2013

relato: aguadas sagradas

Aguadas sagradas

Varias veces fui llevado a ver aguadas sagradas de las que están dispersas en el desierto australiano.
Se trata de sitios que invitan al recogimiento. Cerros rocosos, muy antiguos a juzgar por sus formas redondeadas, tienen del lado que da mas sombra, pozos amplios de agua oscura. El hecho de ignorar su profundidad aumenta el extraño encanto que emanan. Los bordean unos pocos árboles y arbustos que con su verdor parecen dar la bienvenida a quien llega. Se trata de una belleza nada rebuscada, pero penetrante y uno quisiera permanecer varios días allí, para así poder compenetrarse con la esencia de tales sitios sin tiempo.
 Es fácil bajarse de un avión, tomar un vehículo de doble tracción con aire acondicionado, hacer muchos kilómetros y tras bajarse del coche y mirar el agua preguntarse ¿Qué tiene de sagrado este pozo?
Pero si la única manera de desplazarse en la vida ha sido caminando, y se ha tenido la entereza física y la habilidad para sobrevivir en el desierto, al llegar a uno de esos pocos oasis, la pregunta cambia y pasa a ser: ¿Cómo puede alguien no considerarlos sagrados?
Durante miles de años, los aborígenes pudieron dispersarse por todo le país-continente sin grandes dificultades, pero cuando Australia entró en el período seco en el que aun se encuentra, las poblaciones humanas quedaron restringidas a donde había agua que permitiera su existencia. Los grupos de nómades comenzaron a aislarse al solo poder acceder a los sitios relativamente cercanos a las aguadas y al haber amplios sectores sin éstas, se fueron aislando y fueron acentuándose las diferencias físicas e idiomáticas. Según los aborígenes australianos, en las aguadas vive Wanampi, la gran serpiente sagrada, fiel custodio del sitio. Nadie la ha visto nunca, pero los aborígenes creen en su existencia. Mi anfitriona Kristen le comentó a un joven aborigen que yo había vivido en la Amazonia y había visto anacondas.
¿Si? ¿Usted las vio señor?- me dijo-
Sí, vi varias.
¿Qué estaba haciendo la mas grande que vio?- preguntó él.
Estaba nadando frente a mi canoa, lo hacía con la cabeza fuera del agua, como enseñándome el camino. – le dije.
¡Wanampi debe ser una anaconda! Usted tuvo suerte de verlas señor!
Claro que si, era uno de los animales que mas quería ver. – le comenté. El aborigen quedó contento y me alegre de que las anacondas, tan perseguidas en su patria selvática, provocaran sonrisas en un aborigen del desierto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario